• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Consulta con octanaje

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¿Cuántas veces ha consultado la revolución sobre asuntos relacionados con el bien común? Las revoluciones no consultan, porque, de acuerdo con sus voceros, siempre tienen la razón y se manejan con la intención de buscar el bien del pueblo. Así ha sucedido con todos los movimientos que se han proclamado como revoluciones en el siglo XX.

Jamás pensaron en averiguar el parecer de los gobernados sobre los negocios que les concernían, porque en la cúpula siempre tenían la verdad en la mano y la seguridad de obrar con el acierto de sus dogmas y con la infalibilidad de sus análisis. Si ni siquiera hacían elecciones para el relevo de los gobernantes, no se iban a dedicar a la consulta de las minucias de la rutina que manejaban como los dioses del Olimpo, de manera exclusiva y excluyente.

En el caso de la revolución bolivariana ha sido así, con la excepción del referendo de reforma constitucional que Chávez ordenó y del cual salió con las tablas en la cabeza. Perdió el referendo y prefirió evitar nuevos reveses. En adelante todo se ha decidido en cenáculos cerrados, o partiendo de la voluntad personal de quien tiene la sartén por el mango. Ahora el presidente Nicolás Maduro nos sorprende y anuncia que va a “consultar” sobre el aumento del precio de la gasolina.

No solo rompe con la tradición revolucionaria de decidir en las alturas, sino que pretende involucrar a los gobernados en una decisión que solo compete al gobierno por motivos relativos a la especialidad. Solo el gobierno maneja los elementos técnicos y de cálculo económico para tomar una decisión en el área de los combustibles. ¿Por qué meter a los ciudadanos en un terreno que no domina? Nadie duda de que la gasolina se vende a precio de gallina flaca. Si es así, ¿por qué trasladar al área del común una decisión que parece inevitable?

Buenas preguntas ante el enigma de una explicación capaz de conducirnos a interrogantes más atrevidas. ¿El gobierno carece de la fortaleza que le impide tomar una decisión tan corriente como llenar a diario el tanque de la gasolina? Si ya recibió la bendición del PSUV para el aumento ¿por qué se toma la molestia de pedir la opinión del pueblo sobre un tema alrededor del cual parecen suficientes los consensos? Si la venta de combustibles solo ocasiona pérdidas, ¿no le corresponde a un presidente sensato buscar la solución sin alardes populistas?

Tras la decisión del precio de la gasolina se ocultan graves asuntos: el manejo irresponsable del negocio de los hidrocarburos por Pdvsa y la ausencia de cuentas claras, el regalo de petróleo y aceites a otros países por razones políticas, la utilización de los petrodólares para manipulaciones electorales y el mantenimiento de misiones que gastan por la libre sin ningún mecanismo de fiscalización. El presidente Nicolás Maduro quiere tapar esas inadmisibles lacras recurriendo a la farsa de una consulta popular. Genio y figura.