• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Comedias y comediantes

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Los integrantes del alto gobierno han dado claras muestras de su gran potencial como actores dignos de un Oscar por lo que, para gloria y magnificencia del cosmonauta Hugo que gira allá en el cielo rojo, deberíamos emprender una cruzada mundial para impulsar a esta generación sin par de estrellas del cine que, desde ya, nos marca con sus huellas de gigantes.

¡Qué honor para la revolución y qué envidia para las legiones de enfermos y hambrientos de la oposición que no hacen sino quejarse a todas horas! En Miraflores hay actores para todos los gustos tanto para el cine y el teatro como para la televisión.

Olvídense de Hollywood, esa engañifa para idiotas. Lo bolivariano es otra cosa, con un público cautivo y anhelante, esperando que llegue un estreno, un nuevo montaje teatral o la continuación del programa menos visto de la televisión. Las encuestadoras no entienden este fenómeno, los publicistas mucho menos y los productores se halan los cabellos por no haber tenido la idea de contratar a un ex militar como animador de un show televisivo.

Este show, con personajes que el animador, solito en su casa o a veces hablando con un pollo como si fuera el pato Donald o el famoso ventrílocuo con su Monokini, va escribiendo el guión del programa que tanta risa nos causa. Y es que este animador, que se quitó el uniforme y se lanzó al estrellato, es un ser que destila simpatía a montones al punto de que los espectadores se quedan hipnotizados ante su presencia en la pantalla, pero por desgracia la mayoría no sale de la hipnosis y cae en un sueño profundo.

Para ser justos hay que aceptar que, por encima de las banderías políticas y los odios injustificados, este hombre sabe lo que hace: sus personajes (él los llama, cosa muy rara, cooperantes, y no corrupterantes que sería lo correcto, pero nadie es perfecto) son especialistas en vigilar a la gente que el animador odia o le tiene envidia, o que, según dicen malvadamente algunos, le quitaron un buen negocio. Desde luego ya esto cae en el terreno de la especulación y del chisme. Todo el mundo sabe que el animador no tiene ni dónde caerse muerto, es pobre de solemnidad.

Pero no debemos ser tan mezquinos al punto de echar al cesto del olvido a dos grandes actores del cine rojito de este país de la abundancia que es Venezuela. Aristoff Segundo y Nico Primero. Aristoff es descendiente lejanísimo de un actor que acompañó a Bolívar en la invasión desde Haití, donde aprendió a descubrir asesinatos a partir de los pálpitos de su corazón. Dice la leyenda que nació blanco y de fue volviendo rojo. El otro apodado Nico, es harina de otro costal: habla con los pájaros y a veces atrae la lluvia hacia donde está sentado.

Se agota el espacio pero no podemos ser tacaños. Contamos con un director de cine que es el rey del suspenso: Sir Sunday Motta, aclamado por su zaga sobre el nivel del Guri, obra suprema que ha mantenido en vilo a millones de sedientos seres humanos y consumido ríos de tinta y papel. Un genio.