• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Colón con melena rubia

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El 12 de octubre no hubo menciones a Cristóbal Colón. El almirante es apenas un recuerdo de los disparates cometidos a nombre de una concepción vernácula de la historia enarbolada por Chávez para reescribirla a su mal gusto, saber y entender.

En busca de una epopeya rojita a la que aferrarse, los seguidores del comandante galáctico hicieron papilla las estatuas del navegante que puso a este continente en el mapamundi.

Nada de original tiene la reinvención del pasado: los nazis forjaron míticos antecedentes para fundamentar su presuntuosa supremacía racial. No tan sofisticado, el héroe local se asocia más a los despropósitos atribuidos al cine mexicano que ponían a Rodrigo de Triana a decir que no se divisaban “ni zopilotes” en el horizonte, y al Libertador a preguntar al barón de Humboldt por el objetivo de sus viajes “a estas regiones equinocciales”.
A fin de conmemorar, pues, el giro histórico aupado por el profeta de la revolución bolivariana, diversos actos se organizaron en el país; haremos referencia a un par de ellos.

Con bastante de naif, mucho de cursi y una buena dosis de realismo socialista y teatro del absurdo se representó en Porlamar lo que imaginamos fue una evocación libre de lo acontecido cuando Colón pisó estas tierras. La plaza Bolívar fue escenario de ese “acto cultural” presidido por la secretaria general de gobierno del estado, Milka Olivero -abogada y bionalista (sic) según su perfil twittero- para glorificar el Día de la Resistencia Indígena, decretado en el año 2002 por el gran elector barinés, Hugo el Magnífico.

Rodeada de una chiquillería pintarrajeada con carmín y ataviada con disfraces dignos de mascaradas surrealistas, la alta funcionaria que meses atrás fue proclamada “Heroína de Nueva Esparta” por una corte de aduladores, dio a entender que allí se rendía homenaje a los indígenas que, un día como ese, pero a finales del siglo XV, “salieron a defender sus derechos”.

Los anales de entonces no dan cuenta alguna de rechazo a los expedicionarios europeos, y el diario de Colón refiere que el encuentro entre las dos culturas fue más bien pacífico. Los desmanes vinieron después. Además, exaltar nuestras raíces étnicas mostrándose en público con la caballera oxigenada es contradictorio e incita la hilaridad. “Con esa melena amarilla y una franela roja parece un perro caliente con mostaza”, comentó injustamente un gracioso.

El otro evento tuvo lugar en el este de Caracas donde, al son de tambores, se festejó el tercer aniversario del anclaje del buque Leander en una laguna artificial del Parque del Este Francisco de Miranda y la destrucción de la nao Santa María que allí estuvo varios años.

Es loable que se ensalce la memoria del Precursor y Generalísimo, pero ¿es necesario, para ello, rechazar la hispanidad y satanizar la figura de Colón? Dicen que la historia la escriben los vencedores… no como Mussolini o Hitler, para hacerse con un pasado que no fue. Aquí la escriben hoy los destructores del país.