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EDITORIAL

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Clinton y Kerry

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Al nominar desde la Casa Blanca a John F. Kerry para el cargo de Secretario de Estado de su segundo mandato, el presidente Barak Obama comenzó por hacer un breve balance de lo logrado con una política exterior que terminó diez años de guerras, fortaleció alianzas y forjó coaliciones ante nuevos desafíos mundiales recuperando para su país, en sus palabras, "un lugar más seguro, fuerte y respetado en el mundo". La selección del veterano de guerra y senador apunta a sostener esa política a través de una diplomacia que mantenga su vigor exterior y construya mejor apoyo interior en los próximos cuatro años.

Lo que desde aquí interesa destacar no es tanto si ese balance es debatible y esa proyección deseable, dentro y fuera de Estados Unidos. Lo significativo a subrayar es que se practique institucionalmente la oportunidad y obligación de someterlo a examen en el propio gobierno.

Entre el 23 y el 24 de enero se realizaron audiencias en el Congreso a las que debieron asistir la secretaria de Estado saliente, Hillary Clinton, y su sucesor propuesto, John Kerry.

Clinton tuvo un papel muy relevante y visible en la revalorización y reorientación de la diplomacia estadounidense en circunstancias que, si se perfilaban desafiantes al iniciar su gestión, se complicaron grandemente en la dinámica inicial y la turbulenta estela de la Primavera Árabe. El miércoles pasado asistió al Congreso como parte de la investigación sobre el ataque al Consulado en Bengasi ocurrido el 11 de septiembre de 2012, en el que fallecieron cuatro personas, entre ellos el embajador en Libia. No era, por supuesto, la primera vez que la jefe de la diplomacia estadounidense asistía a audiencias en el Congreso, pero en las sucesivas interpelaciones en los comités de Relaciones Exteriores del Senado y de la Cámara de Representantes del 23 de enero parecía que toda su gestión estaba en juego. La afirmación de Clinton más citada fue: "Asumo toda la responsabilidad", con argumentación pero sin evadir ni descalificar el escrutinio, ni aún el más hostil.

Al día siguiente Kerry asistió a la audiencia de confirmación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, instancia de la que él mismo fue parte, durante 28 años. Su buena relación personal con los demás senadores, incluido el ex candidato presidencial John McCain, no impidió que tras su breve y general presentación inicial se le formularan preguntas cargadas de críticas a la política exterior cuya continuidad y afianzamiento se asoma. El candidato a secretario de Estado, hijo de diplomático, apoyado en su larga y personal experiencia internacional y en la más reciente actividad diplomática desarrollada cerca de Obama en temas críticos, ha salido airoso del examen que se prolongó por casi cuatro horas. Propuso a sus colegas mantener un diálogo constructivo, un esfuerzo colegiado. Tras su confirmación, en el ejercicio de su cargo, le tocará rendirles cuentas más de una vez.