• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Ciudadanos del no hay

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Mientras varios de los indicadores clave de la economía decrecen, otros llevan una tendencia contraria: crecen de forma irremediable. Por ejemplo, decrece el número de industrias, baja la producción y la disponibilidad de bienes imprescindibles es cada vez menor. Al mismo tiempo, aumenta la inflación, la importación de bienes y la dependencia del petróleo alcanza el nivel de la desesperación.

En el punto donde se encuentran lo que crece y lo que decrece están las víctimas de este ruidoso fracaso: ciudadanos que viven en estado de no hay. Personas que todos los días deben hacer colas (las colas: es una de las realidades que más crecen) con el fin de comprar los más básicos alimentos para sus cocinas.

El no hay es la realidad bizarra, creación sin precedentes del chavismo y del madurismo, en tiempos en los que los ingresos petroleros del país han superado todas las expectativas. La primera y más aplastante dimensión del no hay es el derecho a la vida. Producto de quince años de incompetencia, permisividad y cabría decir que estímulo, funcionarios sin ninguna experiencia y una funesta política carcelaria, la delincuencia ha tomado el control de las calles, desafía a la autoridad todos los días y mata de forma inclemente en cualquier parte del país. Diga lo que diga el gobierno, lo cierto es que la delincuencia decide sobre nuestras conductas, nuestras rutinas y nuestro vínculo con lo que nos rodea.

No hay garantía alguna de mantener la vida, ni tampoco de recibir la atención médica adecuada. No hay seguridad de que hospitales y clínicas tengan los medicamentos para los pacientes ni los insumos para mantener operativos los quirófanos. No hay, como ya sabemos, equipos suficientes y en buen estado para radiar a los pacientes con cáncer. No hay tampoco seguridad alguna de no ser atracado o asesinado en los pasillos de los centros médicos, como tampoco en aulas e instalaciones educativas, en centros comerciales o en las narices mismas de los funcionarios policiales o militares que han sido designados por planes rimbombantes a la tarea de ¿asegurar? nuestras vidas.

La lista de lo que no hay en Venezuela tiene ribetes de obscenidad, de realidad pervertida hasta lo inconcebible. No solo no se producen vehículos, sino que tampoco hay repuestos para miles de automóviles que ahora mismo tienen meses parados. ¿Quién protege a sus propietarios de una política económica y cambiaria cuyo resultado es la paralización de un bien adquirido para circular? No hay
papel para la prensa ni para la impresión de libros, como no hay ni siquiera libros importados, ni recursos económicos suficientes para las universidades ni tampoco los materiales para que puedan funcionar los laboratorios de esas universidades. Pero la lista del no hay no termina aquí. La lista de las víctimas del
no hay suma además a los estudiantes ve- nezolanos en el exterior y a los familiares que recibían remesas fuera de las fronteras venezolanas, de personas que trabajan en Venezuela. Este editorial sobre lo que
no hay podría crecer por páginas y páginas, pero no tendríamos papel dónde publicarlo y compartirlo con nuestros lectores.