• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Ciudad a la deriva

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Desaparecida la Oficina Municipal de Planeamiento Urbano (OMPU), Caracas, una ciudad de sí producto de la provisionalidad y la improvisación, quedó descerebrada en lo relacionado con su ordenamiento metropolitano. En tal estado de orfandad, la capital ha debido soportar que se desconozca la autoridad del funcionario elegido por el voto popular para definir y desarrollar políticas públicas que normen un crecimiento armónico y racional.


Minimizando las facultades y recursos de la Alcaldía Mayor y pasando por encima de la voluntad popular, el comandante se sacó de la manga un as de corazón rojo: la jefatura del Gobierno del Distrito Capital, cargo en el cual puso a Jacqueline Faría, ingeniera hidráulica que nada sabe de planificación y administración urbanas, y cuya designación es producto de la rabia y el revanchismo derivados de la derrota del candidato oficial en los comicios para elegir al Alcalde Metropolitano.

Ese proceder corrupto ha potenciado el malestar urbano que, sumado a la galopante inseguridad, hacen de Caracas un infierno sin precedentes.

Inspirados en la reforma urbana que derivó en el lamentable deterioro de La Habana sin llegar a solucionar el problema de la vivienda (a menos que el hacinamiento y la promiscuidad resulten ser alternativas viables para la falta de techo), Farruco y sus socios perpetran una agresión constante al espacio caraqueño escudados en improvisados instrumentos legales como el Decreto Ley de Regularización y Ordenamiento Integral de la Tenencia de la Tierra, el Decreto Ley de Regularización de Precios de Viviendas en el Mercado Secundario y el Decreto Ley contra los Desalojos Arbitrarios.

Legislación, pues, les sobraba, sólo les faltaba una misión... y entonces llegó el comandante y dijo que para "vivir viviendo" había que adelantar la Gran Misión Vivienda, un programa que por premura e imprevisión propicia turbios negociados y un irracional uso de la tierra que ha hecho de Caracas una ciudad a la deriva.

El Nacional recogió recientemente las opiniones de respetados arquitectos y urbanistas (entre ellos el director de la Escuela de Arquitectura de la UCV), en las que se denuncia la mala calidad de los materiales utilizados en las edificaciones de vivienda, la violación sistemática de ordenanzas municipales, los cambios perversos de zonificación y, sobre todo, la carencia de servicios públicos y vecinales esenciales para el hábitat, que van desde la falta de ascensores, estacionamientos y jardines hasta la carencia de escuelas, comercios y un larguísimo etcétera.

Al retratar la ineptitud de los planificadores chavistas, se revaloriza el trabajo que antaño hicieron, entre otras instituciones, el Banco Obrero y el Inavi. Además, se cobra conciencia de la calidad urbana y arquitectónica de desarrollos inmobiliarios como El Silencio, el 23 de Enero, Casalta, Caricuao y El Valle, ejemplos de un saber hacer que respetaba la esencia de la ciudad.