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EDITORIAL

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Cita en Santiago

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Entre el 26, 27 y 28 de enero tendrá lugar en Santiago de Chile la Primera Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea. No cabe duda, se trata de un encuentro histórico entre las dos regiones unidas por el Atlántico. Los dos mundos se mirarán de frente y se interrogarán sobre el futuro que avizoran. Un alto número de jefes de Estado o de Gobierno participarán en esta jornada: 27 países miembros de la Unión Europea y 33 latinoamericanos y caribeños. Pocas veces se ha realizado un evento de tales proporciones.

La cumbre se celebra en un momento crítico para la economía mundial, y en especial, para la Unión Europea. Como han observado analistas bien informados, la crisis puede ser propicia para la búsqueda de acuerdos que, de otro modo, quizás no habrían sido concebidos.

América Latina ha cambiado de manera sustancial, y Europa viene ahora en condiciones que antes no imaginó. No obstante, Europa es el primer inversionista directo en la región, y el segundo socio comercial. La crisis europea, sin embargo, se ha hecho sentir en el ritmo y la dinámica de los intercambios.

En la Cumbre de Santiago proyectada para negociar comercialmente en amplitud de condiciones y sin las restricciones de otras épocas, se pondrán en evidencia las tendencias que prevalecen en la región, unos países optan por el libre comercio, otros por el control de la economía. Países como Argentina aparecen radicalmente intervencionistas y esto inquieta a otras naciones como Brasil, con una posición más abierta. Veremos qué ocurre.

Más allá de las deliberaciones, sin duda de jerarquía y proyecciones para ambas regiones, la Comunidad Latinoamericana y Caribeña entra en un periodo que podríamos llamar de prueba. En Santiago de Chile, el mandatario de Cuba, general Raúl Castro, asumirá la presidencia de la Celac durante un año, y será el responsable de adelantar todos los acuerdos que se tomen en la cumbre entre europeos, latinos y caribeños.

Son conocidas las posiciones cubanas en materia de economía. Sería osado pretender anticiparse a la actuación del general Castro. Es probable que aproveche tan elevada posición para airear a su propio país, para vincularlo más al mundo europeo y al regional. Imaginar que asuma una responsabilidad de tanta monta con el propósito de convertirse en dique capaz de detener la dinámica del proceso sería temerario. El general será observado desde el primer momento por las vastas implicaciones del papel que está llamado a jugar.

La presidencia de la Celac en manos de Raúl Castro significa en pocas palabras que la región ha cambiado tanto que hace ahora posible lo inimaginable. Le toca a Cuba responder a tan grande desafío.

Si la América Latina y caribeña ha cambiado tanto como para ser presidida por el general Castro, lo más lógico (aunque ciertamente ingenuo) es esperar que los cambios en Cuba se correspondan y marquen el paso del futuro.