• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Círculos viciosos

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El gobierno se encuentra atrapado en un tremedal de círculos viciosos. Atribuye la crisis económica a conspiraciones políticas e intenta explicar la crisis política por lo que ha denominado la “guerra económica”. Es cierto que se retroalimentan la una a la otra, pero la afanosa búsqueda de culpables no puede exculpar a las autoridades de su responsabilidad por generar la inestabilidad política y económica y de su incapacidad para enfrentarla.

Para empezar por el lado económico, tenemos que desde el año 2003 se estableció un control de cambios a una tasa que se mantuvo sin modificaciones hasta el año pasado, e incluso se llegó a prohibir mencionar cualquier paridad distinta a la oficial. Mientras tanto, la inflación se incrementaba progresivamente hasta superar en más de diez veces a la de nuestros socios comerciales.

En tales circunstancias, las exportaciones no tradicionales se hicieron imposibles por lo cual casi todas las divisas generadas por el país pasaron a ser las de las exportaciones petroleras. Como por razones para nosotros fortuitas los precios del petróleo empezaron a subir desmesuradamente, aumentaron los ingresos y se dilapidaron más que en su totalidad (se gastaron todos y se les añadió el endeudamiento). Esto, por supuesto, incrementó la inflación.

El alza de precios que ha alcanzado récords a escalas continental y mundial se pretendió enfrentarla mediante todo tipo de controles. Lo que a su vez provocó escasez y desabastecimiento, así como el cierre de muchas empresas agrícolas e industriales. Para que las empresas no cerraran o por razones ideológicas el gobierno expropió muchas de ellas sin tener la capacidad para manejarlas. Con lo cual se unieron a las empresas básicas del Estado, hoy a punto de quiebra.

El círculo vicioso de inflación y desabastecimiento comenzó a incidir en la vida cotidiana de la ciudadanía. El alza de los precios disminuyó la capacidad de satisfacer sus necesidades, además de la dificultad de encontrar desde leche hasta repuestos para los automotores. Empeoró su calidad de vida, lo que es fácil de apreciar en las peregrinaciones para conseguir lo necesario y en las colas para encontrar los bienes básicos.

Este círculo vicioso económico, originado en políticas equivocadas más afines a la ignorancia que al socialismo, hace surgir otro círculo vicioso cuyo origen se encuentra en la insatisfacción: el descontento político. Ante él, el gobierno ha reaccionado con soberbia y ceguera. Para las autoridades el descontento no existe, sino que es el producto de fuerzas invisibles que pretenden la desestabilización y estarían manejadas por intereses de fines inconfesables. Ellas abarcan desde el capitalismo globalizador y las fuerzas del imperio hasta los burguesitos frívolos de Altamira y Chacao y los trabajadores organizados que exigen al gobierno cumplir sus compromisos contractuales.

El problema principal es el círculo vicioso entre crisis económica y crisis política. Tan grave que hasta el gobierno parece haberse dado cuenta. Pero su reacción ha sido inusitadamente torpe. Porque si bien ha hecho llamados retóricos al diálogo, que la oposición ha atendido en aras del bienestar de la nación, ha acompañado el diálogo con el insulto.

Aquí se crea otro círculo vicioso: el del enfrentamiento dentro del grupo cívico-militar que nos gobierna. Mientras unos están conscientes de que deben ofrecer un ramo de olivo para sobrevivir, otros creen que deben recurrir a los paramilitares creados durante los últimos tres lustros para atemorizar a la población civil y agredirla. Lo anterior crea una reacción en algunos sectores de oposición, con lo cual se provoca un nudo gordiano que necesitaría a un Alejandro Magno para evitar sus males.