• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Chávez redundante

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Todo se desenvolvía de manera apacible en La Habana, en la reunión preparatoria de la Celac para recibir a los cancilleres, cuando la figura del gigante regresó de ultratumba a provocar fricciones. Todo era acuerdo hasta que unas palabras exageradas en torno a las ejecutorias del presidente venezolano fallecido turbaron la paz que habitualmente reina en las sesiones de la diplomacia.

En esos burocráticos encuentros solo en ocasiones especiales se desarrollan polémicas en público, ante la vista de todos y capaces de llegar hasta los periodistas, que generalmente se fastidian de enterarse apenas de tediosas formalidades.

¿Qué sucedió? Se revisaba la redacción de una declaración que suscribirían más tarde los mandatarios de la Celac, cuando el canciller de Cuba, muy solícito con el patrocinante más generoso de su país, quiso incluir unas parrafadas que no se habían discutido cabalmente. Pidió la inclusión de un elogio para el presidente Chávez, sobre lo que el organismo internacional debía a sus esfuerzos.

Antes, en una sesión limitada a las autoridades más altas que se ocupaban de preparar la antesala de la Cumbre, la representación de Panamá había sugerido una mesurada mención del mandatario venezolano fallecido, pero el representante de Cuba prefirió colocar adjetivos de más en una melosa referencia que desestimó la invitación al recato llevada a cabo y ante la cual nadie había señalado objeciones. Cuando leyó la propuesta de declaración en la plenaria, el responsable de la delegación panameña se sintió sorprendido e hizo la protesta de rigor.

Cuando leyó el borrador, quizá para evitar la modificación de las loas que traía preparadas, el vicecanciller de Cuba señaló que el diplomático panameño se había opuesto a las irreprochables menciones que se querían hacer sobre el líder eterno. El aludido no se hizo esperar, reaccionó de inmediato para aclarar su postura: estaba de acuerdo con la mención propuesta sobre Chávez por sus fieles cubanos, pero quería que la moderaran, que no exageraran en la alabanza, que el mencionado no era calvo pero tampoco tenía dos pelucas. De allí no pasó la controversia. Me pareció un escrito redundante, afirmó, según la versión que llegó a los periodistas. Fue apenas un tropezón de la obsecuente cubanía, pero no deja de ser llamativo.

Si el representante de Panamá estuviera enterado del hiperbólico culto de Chávez que se ha desarrollado en Venezuela, quizá se hubiera ahorrado el comentario. El cubano se quedó corto, si se compara con las oraciones y las letanías prodigadas entre nosotros para la elevación del segundo Bolívar.

No deja de tener importancia el pudor que se observa en el reproche que escucharon ciertos representantes de la Celac. Por fortuna, no es hora de levantar el altar del gigante más allá de los límites nacionales. Parece que tienen el santoral completo y una nueva imagen sólo serviría de estorbo. Amén.