• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cayapa contra Felipe

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Felipe González, demócrata probado y comprobado, había dejado muy claro que, si las autoridades no le permitían entrar en contacto con los presos políticos y asistir a las audiencias de Leopoldo López y Daniel Ceballos, abandonaría el país.

El curtido y prestigioso político socialista, maltratado verbalmente, tanto por las autoridades como por las cuatro gatos que, a duras penas, lograron reunir con sus impertinentes convocatorias en defensa de la integridad nacional y contra la injerencia del eje Bogotá-Madrid-Miami –la triple alianza del mal que se ha inventado Maduro para sustentar la delirante épica belicista con que pretende tapar lo que está a la vista de todos: su incapacidad para gobernar–, se marchó éticamente victorioso porque, durante su corta estancia, el régimen no solo sacó a relucir su falta de escrúpulos, vergüenza y luces, sino que hizo gala, sin pudor de ninguna especie, de su superlativo cinismo y su descomunal hipocresía, dos constantes del comportamiento y discurso oficiales desde que los camisas rojas se hicieron del poder para compartirlo con los militares.

Hay que ser demasiado ignorante para vincular a un hombre como González con la derecha y el fascismo, un hombre que, entre otras cosas, puso definitivamente a España en Europa, lideró su proceso de reconversión industrial y creó el Estado de bienestar del que todavía disfrutan los españoles (favor leer “Felipe González, las 10 cosas que todo chavista debería conocer”, artículo publicado en Tal Cual).

También se requiere de suprema impudicia para reprocharle que estuviese cobrando por sus diligencias: es obvio que los gastos ocasionados por sus traslados, alojamiento y manutención debieron ser sufragados por los promotores de la causa que se propuso defender.

Recuérdese que en una ocasión el comandante eterno “criticó” a Zapata por estar cobrando por una caricatura suya, como si fuese delito ser remunerado por trabajar. Sin embargo, no vaciló al momento de financiar una variopinta legión de impresentables vividores oportunistas y parejeros de la talla de Maradona, Don King, Ignacio Ramonet, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Danny Glover, Naomi Campbell, Sean Penn y otras desaprensivas luminarias dispuestas a posar a su lado.

Otra grave cuestión que salió a flote con la cayapa madurista contra el visitante hispano, a quien acusan falazmente de salir huyendo, es la corrupta práctica de usar cuentas oficiales y empleados públicos para contaminar y enfangar las redes sociales con virulentas procacidades, tan mal escritas que no ofenden por incomprensibles.

Le ha dolido a tal extremo a la pandilla roja la solidaria entereza de González, que Maduro se enfureció con Santos, por facilitar su salida de Caracas, y citó al embajador colombiano para pedir explicaciones. El hermano país ha respondido: “El expresidente González es un amigo incondicional del proceso de paz colombiano”. Entienda señor Maduro: Felipe es un hombre de paz, no de guerras embusteras.