• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Hasta cuándo, Catilina?

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Ya antes de que el TSJ se pronunciara acerca de la prórroga por 60 días del “decreto de guerra a muerte contra la economía” solicitada a la Asamblea Nacional, el Ejecutivo había anunciado en la Gaceta Oficial (Decreto Nº 2.270 del 11 de marzo de 2016) su vigencia plena, pasándose a priori por innombrables partes lo que, al respecto, pudiese decidir el Legislativo.

De modo que no hay por qué sorprenderse ante la diligencia y rapidez con que han actuado los siervos judiciales del régimen. Se tenía la certeza de que ello sucedería, porque la soberbia de Maduro y de quienes lo mal aconsejan les induce a pensar que, a la larga, saldrán ganando en un enfrentamiento contra la genuina vocería del soberano, no porque les asista razón, sino por el padrino que bendice sus actuaciones.

La comparecencia del vicepresidente Aristóbulo ante el parlamento no fue más que una visita de cortesía, un formalismo, o mejor, un fingimiento para “cumplir con las apariencias” de que –contrariando lo que sostienen en su teoría y práctica del ejercicio gubernamental– el régimen chavomadurista respeta la separación de los poderes públicos.

Aristóbulo sabe de imposturas, es hábil jugando a la política y es un pasable relacionista. Por eso se sometió al examen de los diputados; no hizo lo propio el numerólogo Merentes, cuyos cabalísticos cálculos le han aconsejado, en dos ocasiones consecutivas, hacerle la señal del mudo a la representación popular.

A pesar de su aplicación, Istúriz fue reprobado por los examinadores que no vieron en su exposición sólidos motivos para extender un cheque en blanco, o un voto de confianza, a la improvisación roja. A Merentes lo rasparon por inasistencia.

El debate fue corto y no podía ser de otra manera, pues, como sostuvo José Guerra, “no hay elementos económicos que nos lleven a justificar la aprobación de ese decreto”, sobre todo en un país que, como bien apuntó su compañero de bancada Simón Calzadilla “es el quinto exportador mundial de petróleo, con las mayores reservas probadas del planeta, y con los más altos ingresos de la región durante la última década”.

Está muy claro, si lo han venido haciendo tan mal durante tanto tiempo ¿quién garantiza que, en lo adelante, su desempeño no sea peor? Ante tales evidencias, la única voz oficialista que se escuchó, la de Ramón Lobo, lloriqueó: “Siempre buscan un argumento con tal de no apoyar las acciones del presidente Maduro. La vez pasada fue que no estaba el Ejecutivo. Vino el vicepresidente, respondió y ahora se van por la tangente. Esta oposición no quiere que superemos la situación porque creen que eso les puede dar algún resultado favorable”.

¿Por la tangente? Lobo aúlla lastimosamente el castellano. No ha habido evasivas en la Asamblea por parte de la mayoría; quienes se van por la tangente, la cuerda, el radio y la secante son los miembros de la minoría roja.

No se entiende, sin embargo, cómo la paciencia de la diputación unitaria no se ha agotado aún. La del pueblo está a punto de caramelo.