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EDITORIAL

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Cataluña

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La crisis económica que mantiene en vilo a varios países europeos, y que amenaza de tiempo en tiempo el futuro del euro y de la propia Comunidad, está creando profundos dilemas en naciones como España. La deuda del país es alta, y las negociaciones extremadamente difíciles dentro de la ortodoxia comunitaria. La crisis lleva a las sociedades a un examen brutal y descarnado. El País del domingo 16 se hizo eco de un informe que examina la situación y desnuda las desigualdades.

Además, entrevistado por el gran diario español, el economista norteamericano Joseph Stiglitz, premio Nobel, contribuyó al diagnostico  de la crisis y advirtió que tanta austeridad podría ahogar la economía. Así habló el profesor: “La austeridad va a tumbar la economía. Se está viendo en España, en Grecia, en Reino Unido. Tratar de reducir el Gobierno va a empujar a Estados Unidos hacia el mismo experimento que hace Europa, y eso será desastroso”. Por estas ideas se le considera un economista que se distancia del pensamiento prevaleciente. Pero no cabe duda de que en diversas ocasiones sus disparos han dado en el blanco.

El profesor concreta su análisis de esta manera: “La austeridad en periodos económicos como el actual es mala por varios motivos. La gente que no tiene trabajo se empobrece. Y con un alto nivel de desigualdad, los salarios bajan. Estos planes de austeridad acrecientan los problemas de la desigualdad, lo que a su vez es una de las razones de la debilidad económica actual”.

Con todo lo severos que puedan ser los juicios de Stiglitz, los efectos de la crisis y de la austeridad van mucho más allá de lo que él anota. En el caso particular de España, vemos cómo antiguas tendencias independentistas renacen con una fuerza inesperada. Acaba de celebrarse en Barcelona una manifestación que concentró a 2 millones de catalanes. Las reseñas la calificaron de “explosión secesionista”, y el grito que los convocó no fue otro que el de la independencia.

La consigna prevaleciente fue esta: Cataluña, nuevo Estado de Europa. O sea, que la independencia es la solución para Cataluña. Lo multitudinario de la explosión impresionó al liderazgo español que no esperaba algo semejante. El sentimiento de Cataluña no es exclusivo de la región. Su sucede en otras, en primer término en el País Vasco. De pronto, la crisis económica y el récipe de austeridad de la Comunidad le plantea a España desafíos más graves que los de control de los gastos. Un pacto fiscal parece ser la solución provisional. No obstante, los desafíos a la integridad de España han aflorado con fuerza no prevista.

Quizás haya llegado la hora de dejar el partidismo y sentarse todos a ver cómo se despeja el porvenir y se mantiene a España unida, como el gran país que ha sido a través de la historia. Un desafío para el Partido Popular en el gobierno, pero también para el PSOE y los que no militan en partidos, intelectuales, etc. Y, en primer término, para el rey Juan Carlos.