• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La Casa Amarilla

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Es difícil entender el por qué de la crueldad y el desprecio del gobierno bolivariano en el trato hacia el personal que trabaja para el Ministerio de Relaciones Exteriores. Con algunas excepciones en estos últimos 15 años, lo que incluye a excancilleres como José Vicente Rangel y Roy Chaderton, la mayoría de los inquilinos de la Casa Amarilla durante estos tiempos revolucionarios han maltratado a los diplomáticos de carrera y a los funcionarios del ministerio de otras categorías: empleados administrativos, contratados y jubilados.

Sin duda, la época más cruel y despótica la inicia la gestión de Alí Rodríguez Araque, quien se encargó de marginar a muchos de los embajadores de carrera en el entendido, como buen marxista, de que si estos se formaron en la diplomacia antes de la revolución no podían ser agentes consecuentes con las estrategias que se trazaban en su lucha contra el imperio, y mucho menos, en las alianzas con los nuevos actores del escenario internacional que comenzaban a formar parte de los nuevos “mejores amigos” del régimen.

Nicolás Maduro en el transcurso de su reinado por la Casa Amarilla, la más larga de canciller alguno, usó durante seis años la vía de las jubilaciones forzosas y se dedicó a manejar las cuestiones internacionales con un entorno selecto, dando la espalda a los cientos de hombres y mujeres que formaban el cuadro profesional forjado durante años en las normas y reglas de la diplomacia.

Durante su gestión olvidó su origen “obrero” y enterró el contrato colectivo de los funcionarios y dejó sin la más mínima compasión que los salarios de sus trabajadores fueran convertidos en agua y sal por la inflación. Mientras tanto, un pequeño grupo de privilegiados recibía salarios muchos más elevados que los de la mayoría del personal.

Elías Jaua, por su parte, compartiendo su tiempo entre el estado Miranda y la Cancillería y a pesar de las expectativas que generó entre los propios seguidores del gobierno, tampoco ha honrado el contrato colectivo, aunque sí se reunió con los dirigentes sindicales pero sin que estos reciban hasta el sol de hoy señales positivas del canciller.

Con una Cancillería con los peores sueldos de la región, los funcionarios se unieron en un sindicato único, que protesta con prudencia y sin ánimo de alborotar pasiones políticas. Pero se han propuesto usar todas las instancias legales disponibles para que las autoridades cumplan con los reajustes salariales a que merecidamente tienen derecho estos empleados del Estado.

El sindicato de trabajadores de la Cancillería hizo hincapié en el hecho de que la nueva escala de sueldos y salarios de la administración pública deja fuera a estos funcionarios. Por ello, solicitaron a la Vicepresidencia y la Comisión de Política Exterior que los tomen en cuenta en las deliberaciones sobre el proyecto de Ley Especial del Estatuto del Personal del Servicio Exterior.