• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cárcel sí, alimentos no

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A lo largo de la semana pasada las colas adquirieron un nuevo estatuto en Venezuela: dejaron de ser coyunturales y adquirieron el carácter de constitutivas. Cientos de miles de ciudadanos, doblegados por la incertidumbre y el temor, salieron a los supermercados a comprar “lo que sea”.

El paisaje venezolano cambió: en pueblos y ciudades las colas tomaron el protagonismo visual. Bajo el sol o la lluvia, durante horas y más horas, las personas soportaron la penuria de buscar alimentos o medicinas imprescindibles para vivir. Ni siquiera en los más concurridos procesos electorales, los venezolanos habíamos hecho y visto filas de tal magnitud. No hay exageración en esto: varios millones de personas han hecho colas en los días recientes. Y ante esta indiscutible evidencia, el gobierno responde de dos modos, simultáneamente: niega y amenaza.

La declaración del señor Osorio ha quedado inscrita en la historia del descaro nacional: ha negado la realidad del desabastecimiento. Pero no es el único. Varios voceros han minimizado lo que está ocurriendo. Dicen: es lo normal, es estacional, son fallas coyunturales. Incluso una señora, que se promueve a sí misma como una persona de mucha sensibilidad hacia los pobres, dijo que hay gente que hace colas desde la madrugada porque quiere.

En este ambiente de “absoluta normalidad” ocurre, por ejemplo, que funcionarios del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería acudan a algunas colas a chequear el documento de identidad de quienes esperan. En lo que debe ser uno de los actos más demagógicos en que haya incurrido la Defensoría del Pueblo, el defensor debutante ha dicho que ese organismo se desplegará en las colas para atender las denuncias de los ciudadanos. ¿Acaso recibirá y canalizará las quejas que deberían procesarse en contra de los responsables de las medidas y omisiones, los señores Chávez y Maduro, entre muchos otros, que nos han conducido a este estado de cosas?

Le ha correspondido al señor Arreaza poner en claro que ante la normalidad de las colas no está permitido protestar. Que el gobierno exige sometimiento, silencio. Que levantar la voz en contra de estas prácticas de humillación y degradación de los ciudadanos –porque de eso tratan las colas: de doblegar el espíritu, de recordarle a las personas que el poder venezolano controla todos los poderes y es dueño del poder armado de la FANB– será castigado con cárcel en Ramo Verde. Ha dicho que hay muchos cupos en ese centro penitenciario. Lo cual equivale a decir que en Venezuela puede haber escasez crónica de alimentos, pero que en estos tiempos no faltará nunca un lugar en las cárceles para quien se permita expresar públicamente su desacuerdo.