• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Caras y caretas
de la corrupción

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Hay un punto en que se confunden sus causas y sus efectos, en una espiral de deterioro que parece no tener límites: la corrupción se expande como una nata opaca que descompone todo lo que cubre y roza.

La publicación del Índice de Percepción de Corrupción 2014 por Transparencia Internacional expone la gravedad del problema: más de dos tercios de los 170 países estudiados quedan en la mitad inferior de la escala. En nuestro lado del mundo el balance es similar, con Venezuela en la peor posición regional junto con Haití, 11 puestos por debajo de Paraguay.

El informe corrobora lo que ya conoce muy bien todo el que esté más o menos al tanto de lo que ocurre a su alrededor. Otra cosa es que haya quien no quiera darse por aludido y opte por matar al mensajero. Es el caso de la descalificación de Transparencia Internacional “por carencia de autoridad moral” desde la Contraloría de la República, la misma instancia que en medio de la nata cada vez más gruesa de la corrupción ha optado por el silencio.

El presidente de la ONG, José Ugaz, dijo al presentar el índice que “cuando líderes y altos funcionarios abusan de su poder para usar fondos públicos en beneficio propio, el crecimiento económico se ve minado y los esfuerzos por frenar la corrupción quedan frustrados”.

Chile y Uruguay encabezan el tercio de países latinoamericanos más transparentes. En ellos hay buen control sobre el uso de los recursos públicos porque, para comenzar, hay una verdadera separación de poderes y un respeto esencial a las disposiciones constitucionales y a sus ciudadanos. Es una siembra de varios lustros de gestiones gubernamentales que, no por casualidad, ha cosechado mejoras sociales y estabilidad económica, sin haber vivido ningún gran boom económico.

Venezuela abunda en evidencias de lo opuesto. Quedémonos con una de ellas, Petrocaribe, por lo que ilustra de lo perverso de la opacidad en tiempos de bonanza. Tres boletines de Transparencia Venezuela sobre este acuerdo, publicados desde 2013, perfilan muy bien la poca, contradictoria información y, a la vez, las preocupantes pistas acerca del modo como fueron usados los recursos venezolanos en ese conjunto de acuerdos. La filtración sobre los tratos para vender con altísimo descuento a una institución financiera la deuda de uno de los grandes beneficiarios (y deudores), República Dominicana, coloca sobre el tapete el grosero y ofensivo costo de los ocultamientos.

Bajo la careta de una solidaridad mal entendida, ha estado la necesidad de apoyo reclamado una y otra vez por el gobierno venezolano, esa sordina que tanto nos ha costado en dinero, desplazamiento de productores y puestos de trabajo nacionales, pero también y más gravemente, en pérdida de libertades, abusos de poder e impunidades de toda índole. No se equivoca el buen mensajero: hay que escucharlo y esgrimir su mensaje ante el poder.