• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Caramelos de gasolina

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Fue Winston Churchill quien dijo que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Hablaba con conocimiento de causa porque fue auténtico hombre de estado y dejó constancia de ello cuando, en uno de los trances más difíciles de la historia del Reino Unido -arreciaban los ataques alemanes sobre Londres- dijo a sus compatriotas que nada podía ofrecerles sino sangre, sudor y lágrimas.

Y es que gobernar no es remediar a corto plazo, y con recetas demagógicas y provisorias, males que deben ser erradicados para siempre y atacados en sus orígenes, lo que comporta hablar con la verdad por delante, tener un claro sentido de los motivos que hay tras una toma de decisión, y el coraje suficiente para instrumentarla y defenderla.

En Venezuela el aumento del precio de la gasolina ha sido un asunto largamente postergado y que no conviene seguir aplazando. Es una suerte de materia tabú cuya sola mención hace reaccionar a los gobernantes con los reflejos pavlovianos del Caracazo, sobre todo a Chávez, antes, y Maduro, ahora, quienes creyeron que la manguangua de la alta cotización del crudo iba a durar para siempre, y parecía que cantaban por lo bajo “para siempre, lo nuestro será para siempre, lo nuestro no tiene final”.

Pero ya vimos que no ha sido así. Y mientras transcurren los días, más barato se hace el combustible y mayor la brecha que lo separa de un precio, no digamos justo, sino razonable.

A los publicistas oficiales parece que se les fundió el coco cuando concibieron mensajes “para crear conciencia” sobre la necesidad de “ajustar” la gasolina, sugiriendo perversamente que el consumidor es el principal obstáculo para sincerar su importe.

En una infografía, que hicieron circular por Twitter, comparan los 0,098 bolívares que cuesta el litro con diferentes artículos: un caramelo (5,00 bolívares), un chocolate (85,00 bolívares), un litro de leche (16,00 bolívares), una barra de pan (25,00 bolívares), una hamburguesa (250,00 bolívares) y un refresco (60,00 bolívares). Aunque no hay alusión alguna a la inflación, podemos inferir que el nuevo precio de la gasolina no será inferior al de un caramelo ni superior al de una hamburguesa.

El que parece gobernar ha invitado a discutir la cuestión, a desvariar sobre un tema suficientemente debatido que sólo espera por una decisión ejecutiva que no puede Maduro pelotearse con el Parlamento: éste legisla, y el Ejecutivo dispone.

Por supuesto que se debe discutir en instancias técnicas el cuánto y el cómo, más no el cuándo: esto le concierne a Nicolás. Pero como Nico tiene miedo, los anuncios y medidas al respecto tendrán que esperar.

El país está en pie de guerra contra el imperio y no hay tiempo que perder en bagatelas, que si se han venido aplazando durante décadas, bien pueden esperar unos cuantos meses más, hasta que regresemos triunfantes de todos los frentes mediáticos y hayamos doblegado al enemigo en épicas arremetidas de embustes, descalificaciones e insultos.