• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Con El Carabobeño

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El jueves de la semana pasada, el orfeón de la Universidad de Carabobo entonó el himno de su institución en el auditorio de El Carabobeño. Estaban presentes la rectora y todos los miembros del equipo rectoral para distinguir al vocero regional con la Orden de Alejo Zuloaga, máxima condecoración de esa casa de estudios. Fue un acto de gran significación.

Estaban allí también congregados los representantes de las cámaras locales del comercio y la industria del estado, varios alcaldes, diputados de diversas tendencias y representantes de los partidos políticos; periodistas de diversas generaciones, escritores, historiadores, artistas, cronistas, estudiantes, dirigentes de la sociedad civil y ciudadanos comunes y corrientes. Encuentro emotivo de solidaridad, también El Nacional se hizo presente para acompañar al hermano en aprietos.

El Carabobeño es un órgano informativo de gran importancia en la escala regional, seguramente uno de los voceros más acreditados y solventes de la porción de la sociedad venezolana que habita el centro del país. Ha ganado crédito indiscutible entre sus lectores debido a más de ocho décadas de servicio a la comunidad, de trabajo equilibrado en el terreno de la información y de la opinión pública. Esa trayectoria está a punto de detenerse por la falta de papel. Está a punto de cesar un trabajo de trascendencia para mucha gente.

Pese a que ha realizado los trámites de rigor ante la Corporación Maneiro, ente oficial que se encarga del suministro del papel para los periódicos, El Carabobeño no ha recibido respuesta. Ha seguido los pasos que requiere el ente para la atención de las solicitudes, pero no ha observado señales que le permitan pensar en la continuación de su trabajo. Como otros periódicos en otras partes del país, entre ellos El Nacional, es víctima de un silencio que obliga a pensar en la lamentable situación de cerrar los talleres.

En los almacenes de otros voceros locales abundan los materiales que hoy se niegan a El Carabobeño, cuyas páginas se han limitado al punto de reducir a menos de la mitad la edición a la que estaban acostumbrados los lectores. ¿Por qué otros periódicos de Valencia tienen el papel que se le niega a El Carabobeño? Porque este mantiene una línea de autonomía que incomoda a los suministradores del precioso material, por el cual clama una imprenta que no es solo de sus propietarios sino de la inmensa mayoría de los habitantes de la comarca.

Es evidente que los aprietos de El Carabobeño no solo incumben a sus directivos, a sus periodistas y a sus trabajadores, sino también a la colectividad de la región en términos generales. Es evidente que la negación del papel no es otra cosa que un ataque contra la libertad de expresión, que en este caso se materializa desde la oficina de Maduro.

De allí nuestra solidaridad con la alegría que nos produce el hecho de que la Universidad de Carabobo se coloque en la vanguardia de la lucha por uno de las conquistas fundamentales de la sociedad democrática.