• Caracas (Venezuela)

Editorial

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Este diario acostumbra citar las agencias internacionales porque el Gobierno se empeña en negar el derecho de nuestros periodistas para cubrir las ruedas de prensa oficiales. Lo más cínico es que desde los medios oficialistas se insulta, se miente y se pone en duda la honorabilidad de cualquier ciudadano.

La semana pasada la orden era negar la puesta en escena del Gobierno para que todo apareciera como una de las mejores y más honestas elecciones presidenciales, olvidando lo grotesco de la utilización sin límites de los recursos del Estado para hacer ganar al Presidente por un margen amplio, aunque no tanto como los famosos “diez millones por el buche” múltiples veces anunciado y nunca alcanzado. La frase se ha convertido en el termómetro de la capacidad presidencial de sembrar embustes.  

Vale la pena recordar también que a los observadores extranjeros se les cerró la puerta y apenas se le colocó la alfombra roja a los enviados de Mercosur, que es como poner un ratón a cuidar un queso. Verdaderos cortesanos que vinieron a darse un cómodo paseo por los hoteles de lujo y degustar vinos y manjares a costa de Venezuela.

En cambio un buen periodista argentino, como Jorge Lanata, fue atropellado en el aeropuerto de Maiquetía y sus implementos de trabajo fueron confiscados por “miembros del cuerpo de inteligencia del Ejército”. Tal como denunció en Buenos Aires, él y su equipo estuvieron en los sótanos del aeropuerto, donde fueron interrogados. “Nos borraron las computadoras, nos borraron los teléfonos, nos borraron cosas personales, usaron esa información, se quedaron con los discos duros”, se quejó.

Contra esta democracia de cartón debe luchar Henrique Capriles, pero no con la ingenuidad de creer que sus adversarios son hombres buenos que practican la democracia y respetan esas reglas. Para nada, el grave error de quienes crearon la red de protección del voto opositor fue su propia ingenuidad al creer que se enfrentaban a unos ciudadanos y militantes oficialistas respetuosos del voto popular.

Se olvidaron de las trampas del enemigo, de las picardías y entuertos de los bolivarianos, se igualaron en honestidad con un contrario que no tiene moral ni tiene ganas de tenerla, que no admite un juego limpio y que su única finalidad es montar toda una maquinaria que permite voltear desde la madrugada hasta la tarde la voluntad popular.

Se denunció el viernes en las redes sociales el papel de una mujer que era jefe de las mesas de batalla en la zona de Petare, en las cuales ellas chantajeaba a los electores ingenuos con incluirlos en una lista negra si no acudían a las urnas y que había cámaras ocultas para grabar el voto.

Esta persona (cuyo nombre está bien anotado) tenía en varios centros electorales autobuses, taxis (pagados a 1.000 bolívares para buscar a los ancianos e inválidos) y motos (a 800 bolívares diarios) para trasladar a quienes no habían ido a votar a las 2:00 de la tarde, es decir, para la “operación remate”.