• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Capriles y diciembre

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Este diario acostumbra citar las agencias internacionales porque el Gobierno niega el derecho de nuestros periodistas a acudir a las ruedas de prensa e interrogar a los altos funcionarios. La orden esta vez era ocultar la puesta en escena del Gobierno para que todo apareciera como una de las honestas elecciones presidenciales, olvidando la utilización sin límites de los recursos del Estado para hacer ganar al Presidente por un margen amplio.


Ganó, pero no con los famosos "diez millones por el buche", múltiples veces anunciado y nunca alcanzado. La frase se ha convertido en el termómetro presidencial de sembrar embustes.

Vale la pena recordar también que a los observadores extranjeros se les cerró la puerta y apenas se aceptó a los enviados de Mercosur que es como poner un ratón a cuidar queso. Verdaderos cortesanos que vinieron a darse un paseo por los hoteles de lujo y degustar vinos y manjares a costa de Venezuela.

En cambio un buen periodista argentino, como Jorge Lanata, fue detenido en el aeropuerto de Maiquetía y sus equipos fueron confiscados por "miembros del cuerpo de inteligencia del Ejército". Lanata y su equipo estuvieron en los sótanos del aeropuerto, donde fueron interrogados. "Nos borraron las computadoras, nos borraron los teléfonos, nos borraron cosas personales, usaron esa información, se quedaron con los discos duros" se quejó. ¿Qué descubrió Lanata que le preocupaba tanto a Chávez? Contra esta democracia de cartón debe luchar Henrique Capriles, pero no con la ingenuidad de creer que sus adversarios son hombres buenos que practican la democracia y respetan esas reglas. Para nada, el grave error de quienes crearon la red de protección del voto opositor fue su propia ingenuidad al creer que se enfrentaban a unos militantes oficialistas respetuosos del voto popular.

Se olvidaron de las trampas, de las picardías y entuertos de los bolivarianos, se igualaron en honestidad con un enemigo que no tiene moral ni tiene ganas de tenerlas, que no admite un juego limpio y que su única finalidad es montar una maquinaria que permita voltear desde la madrugada hasta la tarde la voluntad popular.

La semana pasada se denunció el papel de una jefa de las salas de batalla del chavismo en ciertas zonas de Miranda, desde Petare a Charallave, que reportaba directamente a Diosdado Cabello y a un coronel. El dato lo dio un veterano y humilde activista de izquierda asqueado por esta política cimentada en pacas de billetes.

Esta señora tenía en los centros electorales autobuses, taxis (para buscar a los ancianos e inválidos), y motos (a 800 bolívares diarios) para traer a quienes no habían ido a votar a las 2:00 de la tarde, es decir para la "operación remate".

Ayer un reconocido matutino de Caracas publicó una investigación detallada, con datos de un militante del chavismo, de cómo se financió y se llevó a cabo la "operación remate" en el centro y el oeste de Caracas. Eso es lo que hay.