• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Capitán Cabilla

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Como si se tratase de un poseso, un desequilibrado mental, o un psicótico paranoico, el capitán Cabilla ha enviado una nueva señal de su enfermiza obsesión contra la diputada Machado. Auto erigido en fiscal y juez, y valiéndose de una descabellada manipulación de lo acaecido en la Organización de Estados Americanos y de una sui géneris interpretación militar de la carta magna, acusó a la señora Machado de “traición a la patria”, según la prensa.

El capitán Cabilla tiene ahora por costumbre negar lo que al parecer sí dijo en público, pero que luego dice que no dijo y que lo entendieron mal porque él es incapaz de decir tamañas barbaridades, ni siquiera con el mazo dando. Total que los periodistas y, de paso, los articulistas corremos con la mala suerte de que el cómico mexicano Cantinflas se haya muerto antes de tiempo porque nos ayudaría mucho a la hora de traducir al castellano las jeringonzas del flamante capitán.

Lo cierto es que dicen por ahí que el susodicho capitán dijo, o trató de decir o a lo mejor se le ocurrió que iba a decir y nunca terminó diciéndolo (y que Dios nos agarre confesados si no es así porque después nos mete una demanda millonaria) que la diputada Machado habría perdido su condición de representante del pueblo y, por tanto, quedaba terminantemente prohibido su acceso a las instalaciones del Poder Legislativo.

A lo mejor el capitán lo dijo, o quiso decirlo y no le salieron las palabras, o alguien inventó que lo dijo pero de otra manera. En fin, todo depende del color del cristal con que se mire. Nosotros nos concretamos a lo que aparentemente salió en la prensa, valga decir, a lo publicado en los escasos periódicos que cuentan con papel para seguir circulando.

Pero “cada ladrón juzga por su condición”, como reza el refrán (que en este caso viene como anillo al dedo) cuando se quiere calibrar el punto de vista de quien evalúa la conducta ajena basándose en experiencias propias. Decía un articulista, de cuyo nombre no logramos o no queremos acordarnos, lo patética e inmoral que resulta la postura de los sediciosos del 4 de febrero de 1992 que, sin una gramo de conciencia autocrítica, atribuyen a otros el delito en el cual ellos sí han estado incursos. Ellos fueron los que cometieron fechorías de lesa patria y ahora disfrutan exhibiendo su poder y su riqueza, además de un exacerbado y sospechoso machismo.

“El que no la debe no la teme” sentencia otro dicho popular que no requiere explicación alguna y que le viene de perlas a la diputado Machado en estos difíciles momentos de acoso y ensañamiento por parte de quienes han hecho del ventajismo una obscena arma de combate para acorralar a quienes no les gustan. Pues no la debe temer María Corina porque cuenta con el respaldo de un pueblo consciente de que está siendo víctima de un persecución cuyo fin último es desviar su atención de los problemas reales, aquellos por los cuales ha levantado su voz y emprendido una tenaz protesta contra un gobierno ilegitimado no sólo por su estirpe sino por su gestión misma.

No tiene por qué temer pues la parlamentaria que recibió el mismo tratamiento que se ha dispensado en foros internacionales a líderes opositores cuando, en sus países de origen, se violentan los derechos humanos, en especial la libertad de expresión; un trato, por cierto, que Venezuela concedió a Patricia Rodas, canciller de Zelaya, cuando éste fue derrocado, lo que da pie a proclamar que “lo que es igual no es trampa”.

“La designación de María Corina Machado como representante alterno de Panamá es un formalismo, una cortesía de ese país para que la legisladora pudiera tener asiento en la representación de la nación centroamericana ante la OEA”, como bien han sostenido altos representantes diplomáticos.