• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cantó el gallo a destiempo

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En el gallinero del CNE

Extraoficialmente se conoció que rectores del Poder Electoral acordaron iniciar el lunes un proceso de constatación de datos de firmantes para el revocatorio con el registro electoral". Este es el encabezado de una noticia aparecida ayer en este periódico y el lunes en cuestión es, ¡naturalmente!, el próximo, pues no es un secreto que la rectoría mayoritaria, descarada y desvergonzadamente rojita del CNE juega en posición adelantada cuando se trata de validar inventivas y despropósitos del cogollo oficialista, y camina a paso de tortuga si lo que debe admitir o certificar ­y no se diga aprobar­ es una iniciativa de la unidad democrática. 

¿Cómo se explica entonces que el frenópata de la esquina caliente pueda anticipar pareceres sobre las firmas consignadas por la oposición para activar el proceso de revocación presidencial? Lo primero que uno piensa es que este señor, a quien el galáctico, primero, y el metrobusero, después, encargaron del trabajo sucio, especialmente en lo que a materia electoral respecta ­recordemos que este sujeto ocupó la presidencia del máximo ente comicial y avaló procesos nada transparentes, lo cual le valió meteórico ascenso a la cúpula del PSUV­ ha de tener confidentes infiltrados en la estructura del organismo arbitral. 

Pero eso es sobrevalorar sus capacidades; lo más seguro es que la señoras que allí gobiernan se vayan de la lengua y suministren, sin que ni siquiera se les solicite, información sobre sus actuaciones en un asunto que tiene a la nación en vilo. Por eso se protestó ayer. Y si hacen caso omiso del clamor popular, habrá que subir el tono y radicalizar el registro del reclamo. 

Quizá estemos hilando fino y el loquero esté improvisando sobre la base de su experiencia. O tal vez se trata de delirios de resentido. O de incontrolados ramalazos de un duelo sin resolver. De una venganza inacabada contra el sistema capitalista al cual culpa holísticamente por el abominable asesinato de su padre ­un crimen exhaustivamente investigado, resuelto y severamente castigado con todo el peso que permiten las leyes venezolanas­. ¿O es que esperaba el alcalde encausar a la oposición por un delito que no le concierne y que se le aplique la Ley del Talión? Los psicoanalistas saben que no deben ejercer profesionalmente si no se someten previamente a un exhaustivo psicoanálisis ­los lacanianos otorgan a este examen tanto valor que lo consideran experiencia suficiente para sentar a pacientes en el diván­. ¿Habrá Rodríguez seguido esta pauta? Tal vez sí, pero, a juzgar por su conducta, no con suficiencia. 

Porque, de lo contrario, otro sería el registro de su quiquiriquí, que tal es su grito de batalla, como corresponde a un gallito, pelón y fanfarrón, bueno para adulterar resultados cuando no favorecen a su amo y señor. 

Psicoanalizado o no, nada le cuesta mentir (nunca antes en Venezuela el poder fue controlado por tantos embusteros). Quizá no sea freudiano este alienista, pero sí goebbeliano: sabe que una mentira mil veces repetida es mejor que la verdad. ¡Miente, Jorgito, que algo queda!