• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cansados y molestos

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En un encuentro con estudiantes en Estados Unidos, la presidenta Cristina Kitchner fue sorprendida por una pregunta de uno de los jóvenes que acudió a esa cita: "¿Por qué usted responde nuestras preguntas y sin embargo se rehúsa a reunirse con la prensa de su país?". A la señora Cristina no le quedó otro remedio que soltar la cantaleta de siempre: los medios argentinos están en manos de la burguesía, son manipuladores y no dicen la verdad.

Ante semejante idiotez, los estudiantes concluyeron que un mandatario nacional no puede manejar modernamente sus relaciones con los medios de comunicación basándose en estereotipos tan prehistóricos y tan alejados de la propia realidad.

Esto le cae también como traje a la medida al gobierno bolivariano, hoy convertido en un torneo de mentiras ya sea con la sociedad en general como entre ellos mismos. Al Presidente "lo engañan" dice la gente, y en buena medida esto ha terminado por convertirse en verdad, pero hay que ser bien pícaro y audaz para hacer pasar públicamente por tonto (cada vez más) a un mandatario.

Empezando porque el comandante está rodeado de jauabolas (sic), como dicen los militares del entorno presidencial, y cualquiera le puede pasar el dato de que la fábrica de bicicletas, la de automóviles, los centrales azucareros, los puertos pesqueros, los puentes y carreteras, las granjas modelos de producción socialista y las casas y edificios de la Misión Vivienda no están terminadas, no funcionan o están abandonadas a su suerte.

Y si ellos no están dispuestos a hablar claramente con el Presidente, pues basta con convocar una rueda de prensa con los medios nacionales para averiguar hasta dónde le están mintiendo sus ministros y funcionarios más allegados. De manera que no hay excusa posible para ocultar la incompetencia, corrupción y el robo descarado de los dineros del tesoro público que ocurre en este gobierno.

Otra cosa es que al propio mandatario le importe un comino este tipo de conocimiento cercano y se preocupe más por su impacto internacional como dirigente mundial del socialismo del siglo XXI. Pero esto, como bien lo saben los políticos de fuste, tiene un costo electoral peligroso para la continuidad en el poder.

Ayer la agencia española Efe interrogaba a una señora de Petare por qué había dejado de votar por Chávez y ahora adoraba a Capriles. La respuesta no tiene desperdicio: "Necesitamos un cambio, dijo Liliana Carias a medida que pasaba la bulliciosa caravana de Capriles. Yo creí que con Chávez venía el cambio pero estoy muy desilusionada. Nos prometía de todo pero nada ha cambiado. No tengo agua, desagües ni electricidad".

Otra entrevistada, Osiris Rojas, "una secretaria de 56 años de edad que asistía al mitin de Capriles dijo: `Este no es el país que quería para mis nietos. ¿Por qué tanto odio si todos somos venezolanos? Me siento engañada".