• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Candanga con burundanga

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En su papel de perdonavidas, presumiendo de lo que carece, y con una pobreza de vocabulario tan, pero tan pena ajena que podría pensarse aconsejada por un asesor publicitario –de esos que subestiman el habla popular para ridiculizarla–, Maduro, en la última emisión de su show, ha demostrado que está lejos de ser un jefe de Estado.

Y es que en lamentable parloteo, equiparable a la rabieta del niño despojado de su juguete favorito, revela que el suyo es un gobierno desvergonzado y trapisondista: “Les apagamos el televisor y nosotros sabemos cómo”, advierte a los “oligarcas” que llama “de derecha” (admitiendo lo que sabíamos: en su bando, hay, como él y sus compinches, oligarcas supuestamente de izquierda), lo cual sería lo de menos porque de bulto está el relevo de pruebas que se desprende de confesar que saben y pueden producir un blackout informativo. ¿Para escamotear escrutinios y forjar resultados? Esperemos que no, porque no estamos en 1952, cuando Pérez Jiménez perpetró el fraude que arrebató a URD un triunfo que se sabía arrollador.

Ojalá la impertinente faramalla verbal del aún no legitimado del todo presidente no sea más que hojarasca para que se la lleve el viento y no pase de ser aguaje, pura pantalla tras la cual oculta la certeza de una inevitable debacle en la confrontación comicial del venidero 6 de diciembre. De lo contrario, estaría casi que declarándole la guerra a las mayorías que le adversan: “Ustedes pónganse a rezar… porque la revolución triunfa el 6-D, pónganse a rezar desde ya para que haya paz y tranquilidad… porque si no, nos vamos para la calle, y en la calle nosotros somos candela con burunganda (sic)”.

Tal vez quiso decir “candanga con burundanga”, expresión que uno espera escucharle a una rumbera o a un santero, pero que referida a asuntos tan serios como las expectativas postelectorales, no es siquiera metáfora sino fórmula metemiedo que, de seguirse repitiendo, convertirá a Maduro en irresponsable pastorcillo que, por no saber cuándo aparecerá el lobo, amenaza reiteradamente con su llegada; pero, como si se tratase de Godot, esperamos inútilmente que se materialice en el escenario. ¿Será consciente Nicolás de que con su llamado a la oración –almuecín a destiempo y fuera de lugar– pasó del delirio magnicida al presagio genocida?

No son, sin embargo, forma y contenido los aspectos más atroces de su cháchara; con su deplorable manipulación populista de las obligaciones del Estado para con la ciudadanía ha llevado su malacrianza al paroxismo: “Mejor estamos aquí tranquilitos. Y todos felices. Pensiones para los viejitos, vivienda para el pueblo y educación pública”.

No vale la pena comentar este chantaje emocional mediante el que pretende, como si fuesen favores personales, cobrar en términos de votos las prestaciones que, por ley, corresponden a todos los venezolanos. Sí vale la pena adelantar que cuando, al término de los escrutinios del 6/12, Maduro & Cía. oigan su repicar, sabrán que por ellos doblan las campanas.