• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las Campañas

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Las campañas A yer comenzaron oficialmente en los estados de la república las campañas previas a la elección de gobernadores. Los entes regionales tienen sus propias peculiaridades y necesidades así como liderazgos surgidos en sus comunidades. Por ello sería equivocado pensar que se trata de la repetición simultánea de varias elecciones de carácter nacional. Sin embargo, el hecho de que en todos los casos sean solamente dos las opciones con posibilidades de victoria, una de ellas alineada con el férreo monolitismo del Gobierno y otra con la unidad democrática de la oposición, le confiere al conjunto una significación que rebasa los problemas y las expectativas locales.

Un triunfo de la unidad democrática en la mayoría de las entidades significaría una suma de victorias que reafirmaría la identidad de ellas y la pluralidad de la cual se alimenta la nacionalidad, mientras que un predominio de los candidatos oficialistas ratificaría la hegemonía del Gobierno central y la dependencia de la voluntad del comandante Presidente y su partido único.

Porque, además de la disyuntiva entre control central y descentralización, lo que está en juego es una definición entre el predominio de la voluntad de las comunidades locales y la del jefe.

La forma en que se eligió a los candidatos subraya esta diferencia. Mientras los candidatos de la unidad fueron escogidos en elecciones primarias abiertas, de manera que su postulación expresara la voluntad popular, los aspirantes oficialistas se seleccionaron de acuerdo con su lealtad y afinidad con el líder del llamado proceso revolucionario. Lo que condujo a que el Gobierno escogiera a muchos totalmente ajenos a las regiones que pretenden administrar y a otros que ya demostraron que no saben hacerlo.

En tal sentido, las elecciones de gobernadores de diciembre invitan a escoger entre el criterio único del líder y la inclinación espontánea de las comunidades. Entre el poder del Estado y la voluntad popular. El hecho de que todos los recursos de un Estado todopoderoso, nutrido por los ingresos petroleros, sean puestos al servicio de las candidaturas oficialistas, como lo fueron el pasado 7 de octubre, no debiera inhibir la participación masiva de quienes aspiran a que las autoridades regionales sean la expresión de las diversas comunidades del país en vez de la representación de un jefe que despacha desde Miraflores.

En cada una de las regiones del país los habitantes se conocen entre sí y hay mayor cercanía. Hacer valer tal espíritu comunitario frente a los postulados de un proceso totalizador que aspira a modificar al mundo y por ello envía candidatos que parecen provenir de otros planetas puede ser una manera de reafirmar la dignidad del ciudadano común, del hombre de a pié que quiere ser respetado en sus derechos, contar con los servicios públicos indispensables y que le resguarden su seguridad. Las jornadas electorales que comenzaron el jueves le confieren la oportunidad de lograrlo.