• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cambios en el tablero

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El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba se ha convertido, con toda razón, en materia ineludible de análisis para nuestro lado del mundo. Es mucho lo que revela y confirma sobre los reacomodos en el tablero hemisférico

La cita de presidentes del Mercosur en Paraná funcionó como primer termómetro para medir el impacto inmediato de lo que allí fue celebrado no solo como logro para Cuba, sino como empeño del presidente Barack Obama merecedor de reconocimiento. Un clima muy distinto al que perfilaba la grosera retórica doméstica del Presidente venezolano ante las sanciones a responsables de violaciones a derechos humanos recogidas en la ley que el presidente Obama firmó al día siguiente del anuncio de normalización de relaciones con Cuba.

En esas reacciones regionales pesa la geopolítica de los intereses económicos nacionales. Cuatro países ilustran en líneas gruesas las jugadas que, en las confluencias de estos días, se ven con más claridad. México y Brasil son primeros en la lista, como socios en los que Raúl Castro ha buscado oportunidades para desarrollar industrias y servicios generadores de empleos.

A comienzos de este año el gobierno de Enrique Peña Nieto condonó 70% de una vieja deuda cercana a los 500 millones de dólares. Ahora, desde la Secretaría de Relaciones Exteriores, ha manifestado su disposición inmediata para participar, según lo anunciado por Obama el miércoles pasado, en las negociaciones de delimitación en el Golfo de México con Estados Unidos y Cuba, donde están en juego yacimientos petroleros.

La cuantiosa inversión brasileña en el Puerto de Mariel trae sus mensajes a cuestas. La primera etapa fue inaugurada en enero con la llegada de un pesado cargamento de pollos congelados procedente de Estados Unidos. Será una enorme base de operaciones comerciales que, aparte de las ventajas para Cuba, facilita a Brasil el acceso a rutas marítimas desde el Caribe.

Colombia, en un registro más político, relanzó durante el primer mandato de Juan Manuel Santos las relaciones con Cuba, país que en 2012 se convirtió en sede y garante de las negociaciones de paz, en el marco de una política exterior orientada a recuperar espacio político y a multiplicar oportunidades de negocios, para lo cual apostó -con el acercamiento a la isla- al apaciguamiento de Venezuela. A comienzos de diciembre fue inaugurada, sobre las costas del Caribe colombiano, la primera etapa de Puerto Brisa, un enorme terminal multipropósito en capacidad de mover barcos de gran calado.

Y Venezuela, ¡ay Venezuela!, es la más triste ilustración de los movimientos que esta semana se concretan en los acuerdos entre La Habana y Washington. Despreciable peón en un juego del que nos queda como resultado el irrespeto a la soberanía, una deuda incalculable, más las afrentas de un vínculo depredador y, lo peor de todo, alentado y consentido por el gobierno.