• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El CNE contra la OEA

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Ante las declaraciones del secretario general de la OEA, quien insiste en enviar observadores para las elecciones parlamentarias, el CNE ha respondido con un documento beligerante y tendencioso que aumenta las sospechas sobre su imparcialidad. El árbitro que desciende a las arenas banderizas como cualquier buscapleitos a defender una posición cuestionada en diferentes ámbitos del país y del extranjero, no abona el terreno de la confianza ciudadana.

Antes de pregonar la pureza de su organismo, su virginal conducta, el CNE la emprende contra la OEA y anuncia su cercana defunción. Las rectoras no le dan importancia a un ente marchito e inoperante que está a punto de desaparecer. No solo porque están frente a una institución decadente que merece el camino del cementerio, sino también porque promueve una posición “injerencista”.

Un ente internacional formado por las naciones latinoamericanas no puede entrometerse en un asunto tan importante de esas naciones porque es “injerencista”. Curioso reproche, si consideramos que se pronuncia desde la tribuna pública de un país que ha levantado la bandera de la integración latinoamericana de acuerdo con la doctrina de Simón Bolívar. Inaceptable contestación, si consideramos que la OEA no tiene una posición tomada sobre los venideros comicios sino solo una prevención que aconseja una presencia capaz de garantizar la pureza de los resultados electorales.

Aparte de las frases desconsideradas, ¿qué opone el CNE a la observación solicitada por Almagro en nombre de la OEA? La beatitud de su conducta, la pureza de sus intenciones, el equilibrio que distingue a las rectoras cuyo trabajo ha sido avalado por el régimen como si fuese dogma irrebatible. Justo lo que critica la oposición partiendo de una experiencia descarada de ventajismo y parcialidad, justo lo que preocupa por razones obvias a la OEA, justo lo que atormenta a propios y extraños se pregona desde la otra orilla como virtud proverbial.

La respuesta de las rectoras echa por tierra esa fementida virtud cuando la emprenden contra el “llamado a la violencia de un dirigente opositor político luego de las elecciones del 13 de abril de 2014”.  

¿Qué relación tiene este punto con una respuesta al secretario general de la OEA? ¿Por qué una referencia a las llamadas guarimbas, contra las que ha emprendido el régimen una feroz campaña de mentiras? ¿Por qué una muestra de complicidad tan evidente con los procesos fraguados por el Ejecutivo, que significan, estos sí, descarada injerencia en el Poder Judicial?

La lógica hubiera evitado la inclusión de un párrafo tan inconveniente y banderizo, tan sospechoso de sectarismos y prejuicios, pero las rectoras lo han incluido quizá porque, como presumen de virtuosas, están más allá del bien y del mal; o porque saben que pueden decir y hacer lo que les venga en gana con el apoyo de Maduro.

De lo cual se desprende la necesidad que tienen los votantes y la cívica honradez de que se acepte la observación de la OEA en las parlamentarias.