• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Borrón y caras nuevas

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La designación de Jesús “Chuo” Torrealba para ocupar la vacante que produjo la renuncia de Aveledo a la secretaría ejecutiva de la Mesa de la Unidad hizo pensar que estarían soplando vientos de esperanza para que, en el anhelo de cambio por vía constitucional, se produjese un salto cualitativo y cuantitativo hacia su concreción.

Cualitativo, porque se ha incorporado un componente de raigambre popular que redefine el perfil de la concertación; cuantitativo, porque supone una transformación dinámica capaz de romper el nudo gordiano que ata a una buena parte de los venezolanos al asistencialismo oficial y atraer numerosas voluntades con la certeza de que hay un porvenir distinto a este presente gris, anclado en el pasado, que medra del tesoro público y cuya fase menguante se hace sentir en todas las encuestas.

El nombramiento de Chúo debería estar aparejado a una renovación de los cuadros dirigentes que se agrupan en torno a lo que es, en esencia, una instancia de negociación electoral y que, si se lo propone, puede ser mucho más que eso. Puede, por ejemplo, promover nuevas figuras dentro y fuera de las organizaciones que en ella hacen vida, porque no hay acreditación ética para reclamar liderazgos emergentes, si no se renuncia a zancadillas burocráticas que se remontan al pasado siglo.

El que esta revolución socialista esté rodando cuesta abajo no es producto de un trabajo expresamente dirigido a erosionarla, sino de su monumental incompetencia; pero también hay que admitir que, desde su conformación, la Mesa ha sabido superar las dificultades que dieron al traste con ensayos similares como la Coordinadora Democrática.

Son experiencias diversas que responden a momentos distintos, es cierto y, aunque ambas se articularon alrededor de la unidad, ha sido la claridad de la intención sobre el cual se erigió lo que ha garantizado estabilidad a la MUD, una intención electoral, sin duda, que debe seguir siendo su guía, mas no la única.

Con los comicios parlamentarios en puertas, se espera que la reestructurada coalición se aboque a la organización de un proceso de elección, por la base, de los candidatos a ocupar las curules de una Asamblea Nacional cuyo control debe ser la finalidad de esta etapa decisiva en la consolidación de una plataforma con opción de triunfo.

Esto no implica evadir el debate planteado por propuestas alternativas como la constituyente o los congresos ciudadanos, opciones que deben ser analizadas y discutidas a fondo de modo que no haya excusas ajenas a la determinación de acceder al poder.

No se le debe pedir a la MUD más de lo que sus componentes esperan de ella, aunque sería de desear que este nuevo aliento unitario animase la organización de encuentros multipartidistas, abiertos a la participación sin restricciones de la sociedad civil, para blindar candidaturas y propósitos en una política de borrón y caras nuevas que trascienda las diferencias entre las organizaciones que apuestan por un cambio en democracia.