• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Bolipuertos

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El adjetivo “bolivariano” se ha convertido en sinónimo de ineficiencia, flojera, desorden, anarquía, letargo, demora, y añádanse los que la vida cotidiana nos pueda proveer. Ha sido una temeridad usarlo para todo, la verdad sea dicha. Antes estuvo referido a las hazañas y conquistas del Padre de la Patria, pero el desmesurado culto lo bajó de categoría y ya no queda nada en el país que no sea eso, “bolivariano”.

Bolivariano, por ejemplo, es Bolipuertos. O sea, la corporación oficial que tiene a todo el mundo pendiente del congestionamiento de los puertos más importantes del país, La Guaira y Puerto Cabello. Cuando el organismo fue fundado se dijo con mucha bomba que contaría con “la asistencia y el asesoramiento de técnicos cubanos”. Fue, evidentemente, un paso atrás, como ha quedado demostrado. ¿Por qué ocurren estos problemas y por qué pretenden abarcar tanto, estatizarlo todo, para detener la marcha normal y dinámica del país? Quizás por el complejo de dominar y controlar. No hay otra explicación.

Las denuncias son de vieja data, sólo que ahora con las cercanías de diciembre, el congestionamiento y el consiguiente retardo inquietan seriamente al comercio.

Esto del colapso de los puertos en vísperas de Navidades atenta contra todo el mundo. Hay evidente nerviosidad, pues las inversiones hechas están corriendo riesgo serio. Si uno mira el espectáculo de los puertos y la cantidad de barcos que esperan puede pensar que se trata de una flota enemiga que está a punto de invadirnos. No hay tal, el enemigo está adentro y es la mezcla de desorden e incapacidad que se va repartiendo sobre el territorio.

En primer término están en peligro los juguetes, de modo que el Niño Jesús se puede retardar. La Cámara Venezolana de Juguetes, Deportes y Recreación puso el grito en el cielo. Pero ¿quién escucha estos clamores? Igual sucede con todos los otros importadores que abastecen al país con los productos que tradicionalmente consumimos en diciembre.

Al drama de los puertos se le suma ahora otro servicio estatizado, el de Conferry. Ha caído también bajo el signo “bolivariano”. Antes de la toma por el Estado, 66% de las personas que iban o salían de Margarita lo hacían a través del ferry. Prometieron adquirir nuevas unidades para dorar la píldora de la estatización, y ahora declaran que no se comprarán. La crisis no tiene alternativas, según la palabra oficial.

Los usuarios de Conferry se quejan, todos los servicios están deteriorados, y la atención no existe. Los turistas han tenido que cambiar de rutas y tienen que dirigirse a otros destinos, a donde pueden ir por sus propios medios, aunque sea por las autopistas también bolivarianas por el abandono y falta de mantenimiento. Quedaba la alternativa de ir a Margarita por vía aérea. Sí, pero vaya a buscar un boleto y hablamos. No hay aviones suficientes. Hay que reservar con tres meses de anticipación. Toda una historia.