• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Bochinche peligroso

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Algo tan grave como la enfermedad del Presidente de la República se está convirtiendo en un verdadero bochinche en las filas del oficialismo. Da la impresión de que nadie en el Gobierno tiene la autoridad suficiente para mandar a callar a tantos “voceros” que surgen por doquier y que, como era de esperarse, han terminado por empastelarlo todo y hundido la credibilidad tanto del ministro de Información como la del propio vicepresidente.

En esos casos se parte de dos escenarios que deberían ser complementarios, pero que no han logrado marchar al mismo paso. En primer lugar, desde hace tiempo tendría que haberse dado a conocer un parte médico pormenorizado, con detalles y esquemas fáciles de comprender para los ciudadanos no especializados, con el respaldo de profesionales suficientemente reconocidos para que no queden dudas ni sombras sobre la naturaleza del mal que aqueja al primer mandatario.

Si esta política se hubiera adoptado desde un principio, pues no se estaría hoy ante una situación tan paradójica como lo es el hecho, tan peligroso e inquietante, de que a fuerza de querer imponer un secretismo a ultranza se ha caído en algo más peligroso y menos manejable: el exceso de información no respaldada por informes concretos o confiables, lo cual genera una gran incertidumbre entre la población en general y, lo que es peor, en los militantes y simpatizantes del mandatario nacional a los cuales golpea duramente la angustia y el miedo.

En segundo lugar, el Gobierno cometió el error gravísimo de no prever esta situación a tiempo, sabiendo muy bien que tarde o temprano podía ocurrir (tal como ocurrió) una recaída en la salud del Presidente y la necesidad inevitable de someterlo a tratamientos más largos y complicados en La Habana.

Si bien el Presidente se había convertido (y eso no podía extrañarle a nadie) en su propio vocero oficial sobre el tratamiento médico o una posible recaída en su salud, lo lógico era que si ocurriera lo último, estuviera preparado un plan alterno para mantener un flujo de información constante y no caer, como se ha caído, en baches y apagones, que no han podido esclarecer nada sino oscurecerlo todo.

Un breve repaso de los variopintos voceros oficiales que han hablado sobre la salud del Presidente da una idea del bochinche que se ha armado, como dijo el generalísimo Francisco de Miranda cuando Bolívar lo hizo preso y lo entregó a los españoles: “¡Esta gente no sabe sino hacer bochinche!”.

En este caso, la expresión viene como anillo al dedo. Veamos por qué: el vicepresidente Maduro, el ministro de Información, el presidente de la Asamblea Nacional, el ministro Arreaza, el presidente de Pdvsa, la ministro de Salud y pare usted de contar se han metido a opinar, cuando lo ideal y lo aconsejable es centralizar en una persona o dos lo que se le va a comunicar a la nación. No se trata del Gobierno sino del país entero. Piensen un poco.