• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Batalla mediática

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

 

Cada vez que se aproxima un proceso electoral, el Gobierno la emprende contra los medios de comunicación, los amenaza, los insulta, los cierra, pone preso a un periodista o le monta una celada a los dueños de radioemisoras, canales de TV o periódicos. Desde que comenzó la hegemonía chavista, estos atropellos se han convertido en una estrategia especialmente dirigida a disminuir el cada vez más estrecho callejón donde es posible informar y opinar no sólo a los medios independientes, sino también a los ciudadanos y partidos de oposición.

¿Cuál es el miedo que le tienen a la libertad de expresión? Si están seguros de ganar las elecciones presidenciales ¿qué necesidad tienen de incrementar las amenazas a los medios o tomar medidas como negar a Globovisión el acceso a la televisión digital? Ya lo hicieron con el cierre de Radio Caracas Televisión cuando se aproximaban unos comicios y por ello perdieron. Es de tontos repetir errores.

Vale la pena recordar que en 1960, Anastás Mikoyán, viceprimer ministro de la extinta Unión Soviética, realizó una visita oficial a Cuba para firmar los primeros acuerdos de lo que sería una larga relación entre ambos países. Testigo de excepción de la primera entrevista entre el enviado de Jruschov y Fidel Castro fue el periodista Mike Roldán quien, por hablar ruso, sirvió como intérprete en ese encuentro.

Roldán, que después vivió en Venezuela, contaba que el visitante aconsejaba a Castro que “tuviera mucho cuidado con la libertad de prensa”, pero que Roldán, indignado, traducía a su manera, diciéndole a Fidel “No te preocupes, está diciendo tonterías”.

Burla burlando, tenía razón: para los regímenes totalitarios la libertad de expresión es una tontería. Y explica por qué en Venezuela se acosa a los medios cuyas líneas editoriales divergen del parecer oficial. De allí que se les obstaculiza su trabajo, se les someta a un boicot publicitario, se golpea a los periodistas como una modalidad de extorsión mediante la cual el gobierno bolivariano intenta poner coto a la libertad de expresión.

El Gobierno, que tiene en la hegemonía comunicacional uno de sus principales basamentos estratégicos, no puede actuar sino revocando licencias y concesiones, clausurando emisoras radiales y cerrando plantas televisivas. Nunca disimuló su hostilidad hacia Globovisión, planta a la cual abre averiguaciones sumarias y sanciona con multas millonarias, confiscación de equipos y acoso a sus periodistas, mientras profiere amenazas de un cierre definitivo.

Esta crónica de un cierre anunciado llega su clímax ahora, cuando al pasar de la plataforma analógica al sistema digital de televisión abierta, los funcionarios, para llenar el vacío de poder creado por la ausencia del líder, hacen gala de su perversidad y le niegan al canal el acceso de su señal al nuevo esquema de transmisión, sentenciándolo a desaparecer en un plazo no mayor de dos o tres años.