• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Basta de tantos errores
Las metas de la oposición

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A estas alturas no caben dudas sobre las intenciones de la revolución bolivariana: perpetuarse en el poder a toda costa. No admite errores ni quiere rectificar. Considera que va por el camino correcto y que nada ni nadie la alejarán de la meta de continuismo que se ha trazado. Los custodios del llamado legado de Chávez anhelan una dominación única en la historia de Venezuela en términos temporales, es decir, hasta más allá de los confines constitucionales y aún del hartazgo de la sociedad.

El régimen no está bien en las encuestas, todo lo contrario. Cada vez topa con mayores rechazos, aún entre la gente que lo seguía con fervor. No importa. Se empeña en custodiar la herencia del “comandante muerto” como si fuera un tesoro llamado a florecer a perpetuidad. El régimen cada vez hace peor su trabajo, pero jura que mientras pasa el tiempo lo hace mejor.

Tal vez sientan que han fracasado, pero tampoco les importa. Los revolucionarios saben mentir para que nadie los sacuda de la cúpula. Como si fuera decisión irrefutable del destino, creen o sienten su papel de redentores de larga duración.

¿Está clara tal decisión, o tal vocación de permanencia, para los dirigentes de la oposición? No parece, si juzgamos por los traspiés de los movimientos torpes de la MUD. No parece, cuando los vemos a diario pelearse en público y en privado por un cargo de coordinación. No parece, debido a que rara vez disimulan las diferencias y apenas asoman gestos que apenas indican una superficial reconciliación de sus facciones. Terrible irresponsabilidad, descomunal indiferencia ante los aprietos de la sociedad y también ante la sobrevivencia de la democracia, cuando están próximas las elecciones para la renovación de la AN.

Esas elecciones son cruciales debido a que traducen una oportunidad estelar para golpear en el hígado las pretensiones hegemónicas de los rojos-rojitos. Pero también son cruciales, desde luego, para la sobrevivencia de una oposición que no se pone de acuerdo, ni siquiera para aprovechar los tumbos clamorosos del régimen.

Estamos ante una oportunidad de oro, capaz de poner en su sitio las pretensiones de la revolución, de colocarla en el estrecho e incómodo lugar que de veras le corresponde, de echarla de esas curules que no han sabido ni querido honrar con el trabajo de sus parlamentarios.

Es una meta práctica si los líderes de la MUD, pero también los partidos capaces de asumir el papel de las organizaciones cabalmente responsables de su deber, no solo abandonan las diferencias sino aquellas de naturaleza ideológica y de entendimiento de la realidad que los caracteriza o los debe caracterizar.

Los partidos y sus dirigentes se deben a un pensamiento y a una ideología pero también al llamado de las circunstancias, que los conminan a la más efectiva de las praxis, es decir, a guardar en la nevera los miramientos teóricos y los programas banderizos para fajarse en la cocina de los hechos concretos. De lo contrario habrá revolución durante mucho tiempo.