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EDITORIAL

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Barack Obama

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Ayer, domingo 20 de enero, se juramentó en una ceremonia privada el presidente Barack Obama. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, John Roberts, tomó el juramento del Presidente reelecto. La ceremonia privada se explica por el hecho de que el periodo presidencial se iniciaba ayer y el juramento no podía postergarse. Así, hoy se realizará la ceremonia pública que convierte en gran fiesta nacional la toma de posesión presidencial.

Son pocos, en la larga historia democrática de Estados Unidos, los presidentes que han tenido el privilegio de la reelección. Después de cuatro años de lucha incesante contra los efectos más complejos de una crisis económica heredada, Barack Obama inicia su segundo mandato con mayor seguridad y control de lo que pudo hacerlo cuatro años atrás, cuando era prácticamente un extranjero en Washington.

Obama fue reelegido por sus políticas sociales de avanzada y por la indudable sensibilidad social de su administración. Especialmente se esforzó por darles a las mayorías de ciudadanos los servicios de salud necesarios. Se vio precisado a hacer grandes inversiones estatales para salvar la economía de la crisis que la permisividad de George W. Bush cultivó. Esto llevó a Estados Unidos a contraer deudas de consideración. Junto con las guerras de Bush, la economía norteamericana sufrió los impactos del mal gobierno.

En medio de un clima político signado por la intransigencia del Partido Republicano, Obama inicia su segunda administración amenazado por las limitaciones de endeudamiento que los republicanos se obstinan en imponerle, con lo arriesgan la recuperación de la economía ya en curso.

No les importa a los republicanos, representantes tradicionales del gran capital, el futuro de la economía. Se proponen debilitar a Obama y cortarle las posibilidades de avanzar en sus programas de bienestar social. O las reformas migratorias. Y como observan algunos analistas, quieren adelantar la campaña de 2016, y no darle paz al Presidente reelegido. Los republicanos atraviesan a su vez una crisis que no les permite aún definiciones coherentes, y este es uno de los signos bajo los cuales se abre este nuevo periodo.

En materia de política exterior, conviene anotar que Obama se propuso retirar a su país de las guerras que encontró hace cuatro años, y sustituyó la estrategia del ataque preventivo de Bush que mantuvo al mundo en jaque por posiciones de mayor confiabilidad con sus aliados, por políticas de persuasión y diálogo.

El reto del segundo periodo necesariamente se centrará en las cuestiones fiscales. La economía ha ido respondiendo con cautela, así lo demuestran las cifras del empleo creciente.

“Poner la casa en orden” es la primera prioridad del presidente Obama. Ahí está el dilema, el balance entre sus compromisos sociales y la realidad de los recursos financieros. En su primera administración, se anotó éxitos tan significativos como los de la política energética que hará a Estados Unidos un país autosuficiente y un exportador de petróleo y gas en pocos años.