• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Ayudadita militar

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Es una lástima que el agente Villegas no grabara la conversación. Le deja esa mancha a su trabajo, ese descuido imperdonable. Nos hubiéramos deleitado con las opiniones de los consejeros, con sus juicios sabios y patrióticos, pero tal vez sus agentes estaban ocupados en otros menesteres más sencillos. Pero la conversación ocurrió. El Alto Mando se reunió con Maduro para tratar el peliagudo asunto de los ascensos militares y llegó a conclusiones que pronto conoceremos. Por fortuna, uno de los asistentes al cónclave ha hecho revelaciones elocuentes.

Nos referimos al mayor general Wilmer Barrientos, jefe del Comando Estratégico Operacional. Como el jefe del Estado no es conocedor del tema militar, aseguró, un grupo de oficiales le ayudó a tomar las decisiones. Entre ellos, el almirante en jefe Diego Molero y los comandantes de los componentes castrenses. Por lo tanto, agregó Barrientos: “Nuestro comandante en jefe ha hecho un estudio minucioso y detallado, caso por caso, buscando la justicia y la equidad, para que, en vez de reinar el inconformismo, reine la satisfacción”. Quiso trasmitir la idea de un análisis adecuado del problema, desde luego, pero no dejó bien parado al nuevo comandante en jefe. No parece probable que hubiera declarado lo mismo en los tiempos del “Comandante Supremo”, de quien jamás se supo que estuviera buscando la opinión ajena, la opinión de sus subalternos, para disponer ascensos y descensos. Era voz inapelable, mientras la que suena ahora necesita el auxilio de gente especializada en la materia.

¿Para qué, según el jefe del Comando Estratégico Operacional? Para evitar la partidización de la institución, vicio que ahora queda como cosa del pasado. Como se sabe, antes los ascensos se discutían en el Senado de la República, un proceso que podía generar distorsiones indeseables, de acuerdo con el declarante, pero que ahora ha dejado de existir. Sin embargo, no parece saludable un procedimiento que convierte a la alta oficialidad de la Fuerza Armada Bolivariana en juez y parte de su destino, especialmente cuando ese destino no cuenta con una mano firme y experta gracias a la cual se llegue a las decisiones más convenientes.

No hacemos una especulación irresponsable. Lo dicho se desprende de las declaraciones de un vocero autorizado, pero también interesado, que no dejó de referirse al “inconformismo” que pudo detectarse antes de la celebración del cónclave. Nadie lo obligó a hablar, pero habló. Declaraciones espontáneas, palabras aventuradas, pero copiadas con cuidado y especialmente dignas de atención, cuya importancia no se puede ignorar. Si el ministro Villegas nos hubiera proporcionado la grabación de lo que en realidad se dijo en privado cuando Maduro deshojaba la margarita de los ascensos, estuviera el lector ante un escrito más solvente. Sin embargo, por ahora eso es lo que hay en medio de vacilaciones.