• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Atropellos contra corresponsales

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Pese a su cotidianidad, no dejan de ser curiosas las trabas que el régimen pone al trabajo de la prensa independiente. Se trata de una operación antigua, de una renuencia vieja del gobierno a que se ventilen informaciones y opiniones distintas a las suyas, pero el hecho de que ocurran ahora, cuando Venezuela está a punto de votar por un nuevo parlamento, demuestra, aparte de una gran intolerancia, el temor a que descubran las ventajas para propios y las zancadillas contra los partidos de la oposición.

El CNE jura por la transparencia de las venideras elecciones, pero no se empeña en lograr que la sociedad lo crea. Si garantiza la pulcritud del proceso, los rectores deben estar ansiosos de que se divulguen las maravillas de lo que será una jornada impoluta que causará la admiración de propios y extraños.

Si el control de los sufragios no se caracterizara por los pecados, sino por el imperio de las virtudes cardinales y teologales, ¿por qué ahora no solo se interfiere el trabajo de los periodistas del país, sino también la actividad que debe llevar a cabo la prensa extranjera?

Insólita situación: un organismo que pregona sus excelencias, y que está necesitado de credibilidad como los hombres del aire para sobrevivir, no dice nada cuando se entera de que los corresponsales extranjeros son hostigados cuando llegan a cubrir un proceso fundamental para la soberanía popular del cual está pendiente la opinión pública mundial.

Si lo mejor que le puede pasar al CNE es que le lluevan las felicitaciones del extranjero por la equilibrada e imparcial faena que ha hecho antes y después del 6-D, ¿por qué calla ante el atropello contra los periodistas que vienen de otras latitudes con la obligación de decir exactamente lo que sucede y lo que sucederá bajo su beatífica dirección?

Los jefes de las misiones periodísticas de Televisa y CNN fueron detenidos de manera arbitraria por las autoridades de la aduana aérea de Maiquetía, como si se tratara de delincuentes, de gentes que vienen a llevar a cabo acciones sospechosas que requieren especial seguimiento.

Llegaron con sus equipos, como habían anunciado con anterioridad a las autoridades de extranjería, pero fueron sometidos a un vejamen que ni siquiera se ocuparon de ocultar. Pareciera más bien que tenían ganas los policías y los militares del aeropuerto de Maiquetía de que todos nos enterásemos de la tropelía.

No son buenas señales sobre lo que pueda suceder el 6-D, no son augurios del equilibrio y la armonía que anuncian. El Ejecutivo continúa en la tarea de sembrar una zozobra que solo contribuye a la crispación de los ánimos. No solo se despreocupa por lo que puedan sentir los electores ante la cadena de sus desmanes, sino que está dispuesto a que el mundo sepa que en Venezuela entró en vigencia la operación “Como sea”, proclamada por Maduro.

Al tratar a los colegas extranjeros como si fueran la avanzada de un ejército de ocupación, el régimen autoritario aumenta la atmósfera de tensiones con la incuria cómplice del CNE.