• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Atrapados en laberinto ajeno

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Es un verdadero enredo este asunto del antiimperialismo y las idas y vueltas en las relaciones del gobierno bolivariano del señor Nicolás Maduro con Estados Unidos y Barack Obama. Construido desde la temprana obsesión de la revolución bolivariana en torno al gran enemigo, pretexto y comodín, es un laberinto que se vuelve cada vez más difícil de transitar para el régimen sin que se le noten los extravíos.

Ahora no se trata solamente de la desgastada repetición del guión de las conspiraciones y de la acumulación de inconsistencias retóricas y materiales en el vaivén. Hay cambios más profundos ante los cuales hacer lo mismo de siempre va significando más encierro para el régimen y, por supuesto, más regresión para el país.

La diplomacia de la administración de Barack Obama hacia Latinoamérica no solo contribuyó a desteñir las banderas antiimperialistas sino que facilitó el reacercamiento hemisférico y alentó nuevos vínculos, particularmente visibles e importantes en materia de acuerdos comerciales y de cooperación energética.

 En este último aspecto, la reciente cita de los países del Caribe, que alentó y procuró el vicepresidente Joe Biden desde el año pasado, refleja un significativo giro regional ante el cual lo peor que puede hacer el gobierno venezolano es recordar sus supuestas credenciales emancipadoras y acusar a Biden de conspirador.

No importa el idioma (¡inglés!) en que se ofrezca escribirle “personalmente en persona” a Barack Obama, mucho menos lo que él dice que le va a decir. El tema real es que las relaciones hemisféricas y regionales surcan caminos alejados de las coordenadas del mapa bolivariano.

Ante la acumulación de sanciones del gobierno de Estados Unidos a funcionarios y ex uncionarios venezolanos y sus familiares, por razones de violación de derechos humanos y corrupción, la diplomacia del régimen no encontró en los foros regionales el eco de otros tiempos, no muy lejanos. Han pesado más el lastre de la impunidad reinante en Venezuela y su pérdida de palanca económica que el tradicional rechazo latinoamericano a las medidas unilaterales. Si en medio del discurso insultante resulta desatinado proponer a Estados Unidos un mediador, mucho más inadecuado ha sido presentar como tal al actual secretario de la Unasur, en tiempos en los que la sombra del narcotráfico tanto se oscurece y ensancha.

A todas estas, cómo dudarlo, las relaciones con Estados Unidos se han vuelto más complicadas desde que se iniciaron las conversaciones secretas entre La Habana y Washington, y se seguirán enredando para Caracas a medida que avancen las negociaciones para la normalización de los vínculos diplomáticos y económicos que contribuyan a la prosperidad de la isla.

Porque todo indica que mientras el gobierno cubano redefine sus lazos y resuelve sus vulnerabilidades, sus asesores y apoyos en Caracas ven en Venezuela una pieza aprovechable, eventualmente desechable; atrapada en un juego muy poco soberano, un laberinto más ajeno que propio.