• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Asamblea chimba

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La Asamblea Nacional tiene nueva directiva. Se cumplió el ritual de comienzos de año, que obliga a la renovación del equipo de diputados bajo cuya responsabilidad quedará el manejo del cuerpo legislativo. Se llenó la formalidad sin inconvenientes. No hubo sorpresas desagradables en los planes. No hay razón para las celebraciones, faltan motivos para la alegría republicana.  Se simuló una selección entre los representantes del pueblo, para que la democracia quedara burlada una vez más.

Todos los cargos de la nueva directiva de la Asamblea fueron copados por los diputados del PSUV, sin que se dejara la posibilidad de representación a los voceros de la oposición. Lo mismo sucedió con los funcionarios que se ocupan de servir a los directivos y con una legión de solícitos amanuenses:

completaron con su presencia un bloque unicolor que niega la esencia del Parlamento para colocarse a la disposición de los intereses gubernamentales.

Debido a una decisión popular, la Asamblea Nacional se forma por intereses variados y aún contradictorios. En la medida en que el soberano se manifiesta en forma heterogénea y elige en medio de opiniones cuya característica esencial es la falta de unanimidad, la representatividad que concede se debe formar a su imagen y semejanza. El Parlamento debe ser necesariamente diverso, como lo fue la conducta de los electores que votaron por sus voceros en una etapa previa y fundamental que decidió de antemano la composición del organismo deliberante.

Pero al PSUV no le interesan estas reglas que parten del respeto de la soberanía popular que legitima los poderes públicos. El PSUV es dueño y señor de la Asamblea Nacional y hace lo que le parece con esa tal soberanía que no pocas veces se convierte en escollo y en fastidio. Arroja la soberanía popular al basurero, para que la gente de su tolda maneje a sus anchas una institución que no funcionará según la antecedente decisión de los electores, sino de acuerdo con  la necesidad de un elenco de mandones que impone su capricho.

Para completar la faena, el reelecto presidente de la Asamblea anunció que ninguna comisión de diputados sería presidida por los representantes de la oposición. Todo se hará según mi real gana como patrón de la casa y como pastor exclusivo del rebaño, quiso decir. Solo le faltó proponer el silencio perpetuo de la bancada de los adversarios del régimen, pero un inesperado gesto de recato le sugirió dejar las cosas de ese tamaño tan antirrepublicano.

La somera descripción que se ha intentado de la ³renovación² de la directiva de la AN no solo nos habla de la evidente renuencia del gobierno a aceptar los usos mínimos de la democracia representativa, sino también de su empeño en la implantación de procedimientos autoritarios que cada día se multiplican sin rubor. El caso de la Asamblea Nacional clama al cielo, si recordamos cómo 51% del electorado favoreció a la oposición cuando votó por sus diputados. El chavismo se las arregló para burlarse de la mayoría, y para pagar y darse el vuelto como acaba de hacer ahora.