• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¡Arriba Cadenas!

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Dios aprieta, pero no ahoga, dice un antiguo refrán. En medio de las turbulencias surgen los momentos de calma. Reina la oscuridad pero, de pronto, brota un rayo de luz. El Premio de Poesía  Federico García Lorca, que se ha concedido desde Granada a nuestro poeta Rafael Cadenas, remite a uno de esos lapsos que invitan a pensar con esperanzas en el futuro, en esas situaciones que llevan a sentir que la sociedad, aun en medio del caos más tenebroso, tiene reservas valiosas para salir del atolladero.

¿Por qué recibe Cadenas la elevada distinción? Lo han dicho los miembros del jurado: su poesía no es ampulosa, sino modesta; no es hombre de poses ni  relumbrones; no está a la caza de trofeos, y, además, produce letras que resultan incómodas para los regímenes totalitarios.

Las mencionadas cualidades son dignas de atención y de respeto, desde aquellas que se refieren a la creación poética y a la manera de enfrentar la vida cotidiana, pero ahora, desde El Nacional, queremos destacar su lucha por la libertad y la democracia.

La actitud resuelta de Cadenas contra las dictaduras remonta a su época de adolescente, cuando estudiaba en el liceo Lisandro Alvarado, de Barquisimeto. Militó entonces en la juventud comunista y se comprometió desde sus filas en la resistencia contra el régimen militar de Pérez Jiménez.

Sufrió exilio en Trinidad y desde allá continuó pendiente de los sucesos políticos y, para fortuna de las letras venezolanas, puso mayor atención al oficio de poeta con el cual también se había comprometido mientras participaba en algaradas contra Tarugo. Así nace un extraordinario creador que, en lugar de procurar hermetismos estéticos, desarrolla vínculos de civismo con la sociedad de la que forma parte.

Galardones anteriores, como el Premio Nacional de Literatura y el Premio de Lenguas Romances discernido por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, dan cuenta de los reconocimientos inobjetables que ha merecido la vida de Cadenas rodeada de letras imprescindibles.

Que hoy se le vincule con Federico García Lorca, poeta universal del pueblo español, confirma la continuidad de una carrera a la que solo están llamados los hombres excepcionales. La simpatía que despierta entre los estudiantes que se desviven por saludarlo en la universidad o en los eventos que frecuenta, en los autobuses que le sirven para salir de la casa a estar metido en la pelea de todos los días, da fe de la admiración que sienten los jóvenes por sus libros y por su conducta altiva frente a las autocracias.

A esa admiración se une El Nacional, su periódico desde cuando tuvo uso de razón, su manera de vivir durante años de aprieto y anonimato. Pero no solo manifestamos regocijo por la ofrenda de sus grandes poemas, hoy unidos a García Lorca, y por la humildad de sus pasos, sino también por su ejemplo de luchador sin estridencias que ha asumido para enfrentarse al chavismo. La peripecia de grandes hombres como Rafael Cadenas nos da fuerzas para continuar en nuestra lucha.