• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Aprendiz de brujo

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Como ya casi nada se produce en el país, el gobierno, que pretende monopolizar las importaciones de todo tipo de bienes, ha desatado una implacable ofensiva contra el comercio como parte de una “guerra” declarada unilateralmente y defendida a ultranza con argumentos propagandísticos.

Como continúa la escasez generalizada y el aparato productivo se ha reducido a su mínima expresión, en virtud de su progresiva estatización, el Ejecutivo enfiló sus baterías contra los comerciantes, los expuso al escarnio público, los tildó de usureros y los amenazó con el cierre, para que bajasen los precios de electrodomésticos y otros artículos suntuarios (¿por qué no actuará en ese mismo sentido para abaratar alimentos, medicinas, libros y otros bienes esenciales?)

Esta blitzkrieg planificada con objetivos inmediatistas, que nunca fue planteada para corregir las distorsiones del mercado, sino para torear sus consecuencias con demagógicos capotazos de sesgo confiscatorio e impresionar con espejismos pasajeros a la galería, agarró desprevenido al ya asediado, insultado y perseguido sector comercio.

Algunos minoristas y detallistas avispados, después de acusar el golpe bajo propinado por los rojitos, demostraron una singular astucia y, viendo como la ocasión la pintaban de calva, se las ingeniaron para sacarle provecho, ofreciendo descuentos de hasta 70% sobre una mercancía a la cual, días antes, ya le habían quintuplicaron los precios. Saque usted las cuentas.

Tal despiporre propiciado por el gobierno mismo nos recuerda la película Fantasía (Walt Disney, 1940), en la cual Mickey Mouse oficia de aprendiz de brujo y, sin estar autorizado para practicar la hechicería, y en ausencia de su mentor, conjura a una escoba para que trabaje por él; ésta se mueve sin cesar, pero el animado ratón no sabe cómo detenerla y, para su desespero, se multiplica de manera alarmante; hasta que aparece el maestro y manda a parar.

Algo similar ha ocurrido con el señor Maduro, sólo que su instructor, además de estar sumido en el sueño eterno, era negado para la economía, y el equipo que ensambló para tratar de manejar el área -heredado junto con el mando por quien nominalmente preside el régimen militar que nos gobierna sobre la base de directrices habaneras- está demostrado una atroz incompetencia.

El carácter electorero de las medidas anunciadas presagian un agravamiento de la crisis y, aunque no dudamos que las mismas reportarán algún beneficio al PSUV y sus aliados, sus efectos, después de las elecciones municipales, harán rechinar los dientes de más de un ingenuo que, animado por la irresponsable rebatiña roja, votará por las listas oficiales creyendo que se prolongará la manguangua.

Pero no hay con qué. Y ni las artes adivinatorias de los santeros cubanos ni las recetas populistas aplicadas a destiempo impedirán que nuestro vernáculo aprendiz de brujo haga desastres con su varita mágica (fabricada en China).