• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Apertura necesaria

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Ha hecho bien Henrique Capriles en tomarle la palabra al hombre que todavía busca desesperados reconocimientos que disipen las dudas sobre la legitimidad de su mandato y aceptar debatir sobre un tema, la corrupción, a la que dice querer combatir.
Pero no hay que escurrir el bulto a la hora de confrontar posiciones y opiniones. Maduro se la puso de bombita y Capriles no debe perder esa oportunidad. Pero resulta que Capriles no está donde ahora se encuentra por su sola voluntad. Su liderazgo ha sido producto de un largo y espinoso proceso de gestación en el cual han participado, con papeles principalísimos, tanto los partidos democráticos como movimientos locales y grupos independientes, los cuales, superando diferencias, dieron vida a la Mesa de la Unidad Democrática.
Como la MUD no es un partido sino una instancia de convergencia de distintas corrientes de pensamiento articuladas por su vocación democrática, es necesario que Capriles promueva un proceso de permanente consulta e intercambio de pareceres con los dirigentes de las agrupaciones que allí concurren, a fin de definir líneas de acción para el diario quehacer político, más allá de las cuestiones estrictamente electorales.
Queremos sugerir con esto que los partidos y movimientos integrados en la MUD, a través de vocerías distintas a la de su secretario general y a la de su líder electoral, deben participar activamente no sólo en la discusión pública de los temas que importan al país nacional, sino también para hacer oposición visible y sistemática en todos las entidades regionales. Ser de la MUD no significa castrarse como corriente política e ideológica.
No le conviene a Henrique Capriles ser la única voz cantante, pues ello equivaldría a endilgarle “un todo lo sabe” que no tiene y que él mismo reconoce. Y como dirigente lúcido debe saber delegar en talentos y opiniones autorizadas, en los hombres y mujeres que, más temprano que tarde, tendrán en sus manos responsabilidades de gobierno, la función de fijar posiciones y sugerir soluciones para contrastarlas con las simplonas respuestas del centralismo autoritario bolivariano.
Se trata de darle voz y presencia a un equipo de dirigentes calificados y representantes de la sociedad para hacer del ejercicio opositor un trabajo amplio, constructivo y serio, que pueda ser percibido por las mayorías como válido aporte a la superación de esta peligrosa crisis que vive Venezuela.
La MUD será hasta diciembre un frente electoral, no hay duda, con una estrategia blindada hacia un solo y definitivo objetivo: lograr un claro y rotundo triunfo electoral. Pero para manejar la transición postelectoral, Capriles debe apoyarse en una instancia creativa que incluya no sólo a diputados y dirigentes opositores, sino a representantes de las universidades, del clero, de los sindicatos y organizaciones campesinas, de los sectores productivos y, en general, de todos los interesado en un cambio.