• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Apadrinar causas perdidas

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Cuando no es un magnicidio, es la guerra económica; cuando no es la guerra económica, es la desestabilización; y, cuando el humo de estas cortinas rojas no alcanza sus objetivos ­enajenar a sus hordas de malandros para que arrecien los ataques, que no son exactamente verbales, contra todo aquel que disienta del oficialismo­, entonces aparece el fantasma que, desde hace 17 años, es invocado como desvío preferencial de la atención ciudadana, el de la conspiración para derrocar al gobierno. 

Es el mismo "putsch" improvisado en un cafetín de Coral Gables o la conspiración planificada en Bogotá, Washington o Madrid; no importa donde, porque en eso de inventarse dificultades para ser más bolivariano que Simón, el chavismo no tiene parangón ni antecedentes. 

Esta vez, con la complicidad de un vetusto periodista con reputación de perro de la guerra, le ha tocado el turno al mayor general que lidera el partido militar que gobierna en coalición con el PSUV ­esta afirmación le irritará y tal vez sea esgrimida como prueba de la veracidad de sus denuncias­, quien ha declarado que en Venezuela "hay un golpe de Estado en progreso". 

¡Y claro que lo hay! Es el que están perpetrando desde las pasadas elecciones parlamentarias los poderes subsidiarios del Ejecutivo, especialmente el moral y el electoral, contra la legítima representación popular electa, por abrumadora mayoría, para que impulsara un cambio en el desastroso rumbo que condujo a la República al actual estado de padecimiento terminal. 

El general, cuyo primer nombre evoca los años de gloria de Lenin y su revolución soviética pues sólo los ñangaras ponían nombres rusos a sus vástagos ­hasta que aparecieron, claro, los caimanes barbudos de la revolución cubana­, asegura que la conjura, como diría el mini cíclope volador que vino del sur, está en pleno desarrollo y agrega: "...Basta con ver la reuniones del Club de Madrid, las reacciones de los organismos internacionales o las reacciones del mismo presidente Obama". 

Juzgando por la propia condición y génesis golpista del proceso que custodia con el intimidante armamento que, asegura, está al servicio de la patria, el componente verde oliva del binomio mandante lanza advertencias y profiere amenazas sin ton ni son, y quien le escucha termina preguntándose si no serán ellos mismos los que están metido en el ajo. Porque, ya se sabe, la mejor forma de ocultar segundas intenciones es achacándoselas primero al contendor. 

"Yo garantizo desde la FANB a quienes andan por allí en esos intentos de captar oficiales para golpe de Estado les digo desde aquí que no van a tener éxito, porque el nivel de conciencia que hay en la FANB no se compara en absoluto con lo que pasó en el 2002". 

Hay mucho de río arrastrando piedras en ese egocéntrico y sintácticamente mal construido aval por parte de un oficial que es percibido, por las mayorías democráticas, como el atornillador maestro de Maduro y lo que alguien llamó su síndrome de ilegitimidad. Olvida el general que no es muy inteligente apadrinar causas irremediablemente perdidas.