• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Antonio Pasquali

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El país de los lectores, los académicos y los estudiosos de la realidad venezolana celebra estos días los cincuenta años de la publicación de Comunicación y cultura de masas. Desde que se puso en circulación, sus primeros lectores percibieron la envergadura de lo que Antonio Pasquali (Rovato, Italia, 1929) se proponía: inscribir la comunicación como un capítulo esencial para la comprensión de la vida contemporánea. No circunscrito al ámbito de Venezuela, sino en Iberoamérica, Norteamérica y Europa, el esfuerzo intelectual de Pasquali constituía una potente novedad: hacer uso de las herramientas de la llamada Teoría Crítica, originadas en la Escuela de Frankfurt, para desentrañar los múltiples significados que la comunicación tenía y tiene en nuestras vidas.

Cuando Pasquali llegó a Venezuela, en 1948, tenía casi 20 años. Pero ello no le impidió nunca, aun cuando vivió los años esenciales de su formación en Italia, configurarse como un pleno ciudadano venezolano: su entrega y disciplina como investigador, docente –en particular sus lecciones de Filosofía Moral en la UCV–, servidor público en varias oportunidades, fundador del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la UCV –Ininco–, articulista, miembro de la Academia Venezolana de Gastronomía y autor prolífico, ha sido una infatigable demostración de amor por Venezuela.

Pocos libros escritos por un autor venezolano han recorrido tanto mundo, han sido temario en las más diversas cátedras, han sido leídos en las universidades de todo el continente y han generado tanto debate como Comunicación y cultura de masas. Y aun cuando se trata de un libro hito, que por sí mismo ofrece una múltiple masa de asuntos por considerar, Comunicación y Cultura de masas es, por encima de otros atributos, un punto de partida. No su primer libro, como se sabe, pero sí el que se erigió en la plataforma del enorme planeta conceptual, que libro a libro, Pasquali ha construido en los últimos cincuenta años.

Ese planeta Antonio Pasquali, y esto es lo primero que es urgente señalar, está lejos de limitarse a lo que entendemos como Comunicación. La visión de Pasquali es holística: ella se proyecta hacia la educación, las nuevas tecnologías, las modalidades de la cultura, las artes, la producción de conocimientos, la vida cotidiana y los modos de pensar. Pasquali es planetario no solo porque sus libros podrían ser leídos con fascinación en cualquier país y en cualquier lengua, sino también porque su visión es justo lo contrario a la parcela del experto: es la obra de un filósofo que mira al mundo desde el lugar esencial que ocupa la comunicación en nuestro tiempo.

Del mismo modo que su mirada no se limita a lo local sino que se proyecta al estatuto de lo contemporáneo, y este es quizás uno de los elementos peculiares de la obra de Pasquali en el contexto venezolano, su pensamiento se expande hacia el futuro. En la articulación de sus análisis, el pasado y el presente tienen valor, en tanto que sustentan un marco de posibilidades hacia el porvenir. Pasquali no se conforma con interpretar el presente: en sus libros más recientes está presente, en actitud de vigilia, el hombre que mira hacia el horizonte, el sujeto que atisba hacia el futuro.

Y todavía hay algo más que debe ser mencionado, antes de cerrar estas líneas: la conducta del sempiterno inconforme. Porque más allá de su permanente saetear al poder de turno, el disgusto de Pasquiali con la mediocridad de lo establecido ha sido una fuerza impulsora de su propio pensamiento para ir siempre más lejos. Su sentido de la autonomía, su vasta cultura y su inveterada disconformidad son algunas de las fuerzas que le han permitido evitar las conclusiones obvias, saltarse las fronteras de lo inmediato, alcanzar a ver más allá y de modo más profundo entre las brechas del mundo que vivimos.