• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Angelitos en el cielo

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La medicina no hace milagros. Mucho menos cuando se trata de prevenir enfermedades desde el primer momento en que un ser humano comienza su vida. Por eso es entendible la frustración de muchos médicos venezolanos cuando se sienten de manos atadas sin poder hacer nada por salvar a un niño.

La noticia de que seis bebés murieron en un mismo día en un hospital pediátrico de Valencia es lo suficientemente triste, pero también muy elocuente de lo que se vive en el país. Sobre todo por lo que los médicos contaron sobre el estado en el que llegaron esos niños al centro de salud. La descripción que hicieron afecta hasta a un corazón de piedra.

Un bebé de 20 meses que apenas pesaba 5 kilos porque su madre solo le podía dar de comer una vez por día. Un niño de mes y medio de nacido con una patología de tratamiento quirúrgico que murió por una complicación. Otro con problemas congénitos y fallo renal que se infectó estando en el hospital. Un bebito que llegó con sepsis severa, neumonía y meningitis, además de desnutrición. Así enumeraron los terribles casos los médicos del área de Hidratación de Emergencia del Hospital Pediátrico Jorge Lizarraga, ubicado en la Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera de Valencia.

"Recibimos pacientes desnutridos, maltratados, resultados de embarazos mal controlados, con problemas congénitos, que llegan en delicadas situaciones, y nosotros tenemos que trabajar en condiciones precarias", le dijo un médico a la corresponsal de El Nacional, y con esta afirmación la noticia se pone aún más espantosa. Porque de los graves problemas que refiere el especialista muchos son básicamente prevenibles si las políticas de salud públicas estuvieran más dedicadas a cuidar realmente a los venezolanos en vez de hacerle favores al régimen cubano trayéndose a miles de supuestos médicos que obviamente no han podido con la tarea.

No es que discriminemos a los cubanos por ser cubanos, sino que se sabe que aquella misión fue creada por ganar favores tanto en Cuba como en nuestro país. Y es poco lo que han contribuido a la prevención de enfermedades, que es papel de la medicina de atención primaria a la que se supone que deberían dedicarse en los módulos de Barrio Adentro. Porque un embarazo mal controlado lo que significa es que no fue vigilado por un especialista. Una sepsis severa y una neumonía comenzaron por ser infecciones que de haber sido tratadas a tiempo no hubieran llegado a ese punto.

Mención aparte merece la desnutrición. Es un problema primario, tan primario que es la puerta para que entre toda una gama de enfermedades. Cuando una mujer embarazada está desnutrida o no toma los suplementos vitamínicos necesarios para su estado, el producto de ese embarazo no será óptimo. Cuando la madre no tiene cómo procurarle la alimentación adecuada a su hijo recién nacido, el bebé tendrá bajas defensas porque su sistema inmunitario apenas se está formando; es cuando una simple gripe se vuelve neumonía, cuando las bacterias se adueñan del pequeño. 

Todas esas tareas corresponden al gobierno, que si se ocupara de su trabajo de diseñar y aplicar políticas públicas adecuadas en el área de salud, la muerte de estos seis bebés no habría ocurrido.