• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Aleluya bolivariano

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando vemos las imágenes del encuentro del pasado lunes en el Teatro Negro de Harlem de Nueva York entre Nicolás Maduro y representantes de la comunidad afrodescendiente, espera uno que, en algún momento, se escuchen las notas de “The Entertainer”, la popular pieza de Scott Joplin con que Milos Forman musicalizó su filme Ragtime (1981), o que aparezca en el escenario “el trompetista de la vecindad” para amenizar la reunión.

En cambio, la súbita aparición del mandatario bolivariano dándole con furia al tambor, en un derroche de payasearía populista buscando adhesiones a causas que por errores del régimen están en trance de perderse (Guyana, por ejemplo), sí que fue inaudita. ¡Aleluya!

La congregación en ese recinto de demagogos antillanos, voceros de la “diáspora africana” y pícaros de diversa laya que, elevando sus manos al cielo, reclamaban venganza por actos cometidos contra sus requetetatarabuelos, jurídicamente prescritos e históricamente en vías de reparación –lo demuestra que el primer dignatario del “imperio” sea un miembro de su etnia–, tienta la pluma del editorialista para calificar ese bochinche –lo que es políticamente incorrecto, pero endemoniadamente divertido– de merienda de oscuros matices. ¡Aleluya!

De entrada, el animador de la velada prefiguró la trayectoria de los disparos –“Nadie puede negar sus ancestros, porque entonces no estaríamos aquí”– para dar inicio a una cadena de invocaciones y evocaciones de pasadas injusticias ante la cual el telespectador se preguntaba qué pito tocaba el señor Maduro en esa verbena a beneficio de nadie, sino de un liderazgo oportunista animado por las agallas de Danny Glover, el actor –invitado a la inhumación de Negro Primero en el Panteón Nacional– que se embolsilló 18 millones de dólares para producir y dirigir una película sobre Toussaint-Louverture, prócer de la emancipación haitiana, que nunca veremos porque nunca se hizo. ¡Aleluya!

¡El señor es bueno!, clamó el reverendo Dennis Dillon y dio paso a las incoherencias de Yvette Modestin, directora ejecutiva del Encuentro de la Diáspora Afro en Boston, que a su vez cedió el micrófono al senador Bill Perkins. ¡Aleluya!

Bailando hicieron oír sus solos lastimeros unos cuantos vivianes de postín anotados en el tírame algo, Nicolás, que a cambio te damos gospel para tu bienestar espiritual. Esta suerte de oral jam session, sincrético black party de ensayadas improvisaciones, se prolongó con la intervención de fervorosos y fervorosas hermanas y hermanos allí arremolinados para, a juzgar por el ornato y la parafernalia memorialista, “ad maiorem Chávez gloriam”, prodigar loas a la revolución bolivariana y cánticos al Señor para ver ¡oh milagro! si caía de las alturas el ansiado maná rojo, pues del negro no hay porque sus precios caen como las hojas muertas del otoño neoyorquino.

Para consuelo, un cierre de comedia negra: Maduro salmodiando un rosario de lugares comunes. ¡Aleluya!, tres veces aleluya.