• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las Academias arrinconadas

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Desde hace tres meses, las Academias Nacionales no reciben su presupuesto ordinario. Por consiguiente, ni siquiera pueden pagar el sueldo de los empleados, mucho menos desarrollar sus investigaciones habituales sobre los problemas de la sociedad que les incumben por vocación y por mandato expreso de la ley.

Las Academias Nacionales cumplen una labor de conocimiento de la sociedad y de reflexión sobre sus asuntos primordiales que data del siglo XIX. Son una creación de los gobiernos de la época, continuada a lo largo del siglo XX, con el propósito de dotar a la república de conocimientos coherentes y de las propuestas de naturaleza práctica que pudieran aconsejar sus miembros.

Esos miembros proceden de una meticulosa selección, que depende de la valoración de los aportes intelectuales y de la obra de cada quien en las áreas de su disciplina, debidamente acreditadas. Son, además, guardianes de importantes bibliotecas especializadas y de archivos que conservan fuentes de primera mano para la consulta pública y para las investigaciones de profesionales y estudiantes.

La sola visita del Palacio de las Academias, ubicado frente a la sede del Poder Legislativo, da cuenta del esmero de su personal en el puntilloso cuidado del lugar. La antigua edificación, el convento colonial de San Francisco que sirve de sede a las instituciones allí congregadas, a los servicios que ofrece a los estudiosos, a los profesionales invitados a congresos sobre asuntos fundamentales y a los visitantes en general, da cuenta de la existencia de una isla de convivencia civilizada y de elevada comunicación de conocimientos que contrasta con el desorden y el descuido reinantes en el centro de la ciudad.

Las figuras más destacadas de la intelectualidad venezolana se han sentado en los sillones de las Academias Nacionales. Las publicaciones que editan o distribuyen destacan por la calidad de sus contenidos y la baratura de sus precios. Los debates que promueven se caracterizan por el predominio de la autonomía de criterios.

Las fechas esenciales de la nación, pero también del universo circundante, se celebran en su paraninfo con la debida pompa. Cuando los distintos gobiernos han solicitado el criterio de sus expertos sobre asuntos de interés vital, jamás han faltado esas instituciones a una respuesta oportuna. Sin ostentaciones cumplen el cometido impuesto por los reglamentos de cada caso y con su vocación de servicio de la sociedad.

Hoy los empleados no pueden hacer su trabajo, no solo porque han dejado de recibir el salario que les corresponde, sino también por la carencia de materiales esenciales como el papel y la tinta. La atención del público se ha limitado por las mismas razones, sin que el Ministerio de Educación haya cambiado la indiferencia por la diligencia en el envío de los dineros correspondientes, que se tramitaron y aprobaron según la ley.

Hasta ahora, las Academias Nacionales se han librado de la influencia roja-rojita. ¿Será esa la razón de su arrinconamiento?