• Caracas (Venezuela)

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Cristóbal Guerra

La edad de la inocencia

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Dicen que cuando se aprende algo, se pierde la inocencia que se tenía respecto a aquello que no sabíamos. Entonces, ¿qué es mejor, ser enterado o inocente? La situación del segundo gol del Zamora ante Mineros de Guayana hizo recordar el proverbio citado. Rafael Romo, pensando con una actitud que invocaba el fair play, confió en que Juan Falcón no marcaría aquel gol de la pelota entregada a sus pies. “Le grité, le grité que me había lesionado, pero no me oyó”, ha dicho Romo. “Nosotros somos amigos desde la infancia, y no me iba a hacer eso. No me oyó”. Si Falcón actuó de buena fe, quedará por siempre escrito en el libro de las cosas insondables, las que nunca se sabrá cómo fueron. El instinto goleador del atacante, esa inclemencia del depredador cuando sabe que la presa está acorralada, funcionaron, entraron en escena, y Romo, desvalido, indefenso, incomprendido, venido a menos, fue la víctima. Dicen que el arquero debió tirarse, botar la pelota, que el reglamento lo apoyaría. Pero no, él se jugó sus cartas al código del buen hombre, y la vida le hizo una jugarreta de mala leche. Entonces, decimos: ¿qué tal si mañana Mineros gana el partido de vuelta en Puerto Ordaz, y el gol de Falcón es la diferencia? ¿Quedará manchado, con tinta imborrable, el título de los llaneros? ¿Y cómo quedará el alma del goleador?...

La llegada de Juan Arango a México, desandando sus pasos de buen caminador, hace que revisemos lo que ha sido su vida y su carrera de jugador. No es posible saber si ha sido él el mejor futbolista venezolano de todos los tiempos, porque ahí entran, cómo no, los valores sentimentales de cada quién. ¿Cholito Tovar, Luis Mendoza, Stalin Rivas, Juan Arango? No entramos en esa discusión de nunca acabar, como tampoco nos dejamos llevar por el huracán donde soplan vientos llamados Alfredo Di Stéfano, Pelé, Diego Armando Maradona, Johan Cruyff. Pero, donde sí coincidimos, porque nos parece que es un concepto inequívoco, es que Arango ha sido el futbolista más trascendente dado por el país, el más significativo. Y eso se corresponde con los tiempos que se viven. ¿Qué hubiera sido, por ejemplo, de Mendocita si en sus días hubiera florecido la imagen del empresario internacional? ¿En qué países hubiera jugado en gran Luis, entonces? Arango ha llegado a la tierra originaria de aztecas, toltecas y olmecas, a medio andar entre lo que futbolísticamente puede aportar, y la simbología de su apellido. El técnico, César Farías, lo va a utilizar así: venga el pase para gol, y venga el nombre que suena fino en los oídos de sus compañeros…

¿Qué hubiera sido de Venezuela si la Vinotinto hubiese clasificado al Mundial de Brasil? ¿Cómo estarían los ánimos en la calle, tan crispados en estos tiempos, si la selección nacional estuviera en la lista de 32 candidatos mundialistas? ¿Estarían las agencias de turismo, ante las dificultades para conseguir pasajes, trabajando a marchas forzadas? Tal vez este hecho haya desanimado a la gente, haya hecho evaporar el humo de la ilusión, pero ahora, cuando estamos a pocos días de que se inicie el magnífico encuentro de la humanidad, parece que todo ha ido al país de los olvidos. Hay inquietud, ansiedad, anhelo porque el Mundial sea verdad. Sí, de vez en cuando alguien nos dice “ah, si la Vinotinto estuviera…”, porque nunca como esta vez hombres, mujeres y niños creyeron que esta era la vez. Habrá que esperar, pero tal vez la gente no se va a volcar con Brasil o Argentina cuando haya victorias suramericanas, porque ya estas selecciones no son consuelos. El consuelo, y ya se comienzan a sentir los suspiros, va a llegar en Rusia 2018. Nos vemos por ahí.