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Arturo Serrano

La duda como única certeza

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Hace algunos años, cuando daba clases de Filosofía en el Colegio San Ignacio, un alumno me dijo con una cara que nunca olvidaré: “Profesor, estoy muy confundido”; a lo que no pude sino responder: “He logrado mi propósito”. Porque si algún propósito pudiese tener la enseñanza de la filosofía en el bachillerato es que la única certeza que podemos tener ante el mundo es la duda. Duda que se traduce en ese maravilloso sentimiento que es la perplejidad, del que se ha alimentado siempre la filosofía.

El colegio nos mal enseña que todas las preguntas tienen respuesta, y lo que es peor aún, que tienen una sola respuesta. Basta con leer un poco (tampoco hay que pasarse) para darnos cuenta de que más allá de algunas religiones cuya jerarquía se reserva el derecho a interpretar la verdad (como es el caso de la religión católica), la certeza es y será una mentira. Nada es absolutamente cierto, ni siquiera lo más elemental como: “¿Estoy realmente aquí?”. Les pondré un ejemplo sacado del cine: la película The Matrix.

En este film se plantea que estamos enchufados a una máquina que nos alimenta las experiencias que percibimos como reales. La dura realidad, nos dice esta película, es que somos las pilas que producen la electricidad necesaria para mover las computadoras que alimentan esas sombras que confundimos con lo real (muy platónico todo). Estas computadoras han creado una matriz que nos hace pensar que nuestra vida es normal. Pues bien, a pesar de lo descabellado de la hipótesis que nos plantea esta obra, aún no he conocido a la persona que me pueda demostrar más allá de toda duda que no estemos enchufados a esas máquinas que nos alimentan lo que conocemos como realidad. Hasta la más descabellada idea de la ciencia ficción puede llegar a convertirse en nuestra realidad.

Pero lo bueno de esta historia, lo que hay que rescatar, es que es innecesario amargarse la vida en la búsqueda de esa certeza única que le va a dar sentido a mi vida, pues el ser humano vive y siempre ha vivido con medias verdades sin ningún problema. ¿Acaso necesito certeza absoluta de que no me voy a morir en los próximos días para poder llevar mi vida de manera normal? Pues no, esa certeza no es absoluta y el fragmento que tengo me basta. No tener certeza de que en un minuto no va a haber un terremoto, no significa que le tema a esa posibilidad.

De hecho, esa falta de certeza es de donde nace nuestra libertad. Ser libre  es enfrentarse diariamente con valentía a la infinita nada que espera por nosotros para darle contenido. La duda es esa página en blanco que debemos llenar cada día con valor y sin titubeos. Esperar que alguien venga y la llene por nosotros, o intentar descifrar qué hay en ella, es cuestión de quienes no temen perder el tiempo. Mejor invirtamos nuestro tiempo en construir vidas y no en buscar certezas inexistentes.

@serranoart