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Boris Santos Gómez Uzqueda

El dragón chino

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El mitológico dragón chino sale del mito y se hace realidad en América Latina: es un animal tan poderoso que viene ¿a la conquista? de los pobres estados latinoamericanos muy ricos en recursos (petróleo y gas) pero muy pobres en capacidad de negociación. 

China tiene claros ánimos e intereses financiero-geopolíticos en Venezuela y Bolivia, entre otros países latinoamericanos.

Los chinos saben que la mayor reserva petrolera latinoamericana está en Venezuela y la mayor reserva gasífera latinoamericana está en Bolivia. Así de sencillo. Con dinero en operaciones de exploración se podrán certificar mayores reservorios de petróleo en Venezuela y gas en Bolivia.

El crecimiento de China es tal que buscan energía y recursos en todo el mundo con, al parecer, una chequera ilimitada de dinero.

Un par de ejemplos de la nueva influencia financiera china en Latinoamérica es el tema venezolano, paradigmático: muchos acuerdos bilaterales por los que Venezuela adquiere más capital prestado para financiamiento de proyectos sociales con garantía de entrega de petróleo.

Conforme indica la prensa internacional el Exibank chino entregará a la estatal petrolera como 1.000 millones de dólares “para impulso de nuevos proyectos petroleros”; aportará adicionalmente 691 millones de dólares para la certificación y exploración de reservas minerales y “desarrollo de una mina de oro y cobre situada en el sur”.

Resulta penoso que mientras nuestros hermanos venezolanos están ocupados en lograr conseguir alimentos, medicinas, en cortes eléctricos en la falta de seguridad y en sufrir por irrespeto a derechos humanos; los dirigentes estatales se dediquen a suscribir acuerdos de tal magnitud sobre los que informa muy poco a sus ciudadanos y lo que es peor utilizando de colateral al petróleo, cuyos precios además han bajado de tal forma que con el pasar de los años Venezuela deberá mucho más de lo que hoy recibe.

En varias columnas de análisis expresé mi preocupación latinoamericanista por el petróleo venezolano y el gas boliviano, dos recursos energéticos que no están siendo adecuadamente direccionados a generar desarrollo económico, tecnológico y social sostenible; todo lo contrario Venezuela y Bolivia no han aprovechado sus ingresos financieros de la venta del petróleo y gas como por ejemplo sí lo hicieron Qatar o Emiratos Árabes que en menos de dos décadas han transformado el desierto en pujantes centros urbanos con altas tasas de desarrollo humano.

En la perspectiva de políticas públicas en energía el “modelo” aplicado a Venezuela y a Bolivia no es el mejor; en cambio el modelo gerencial en manejo de la política hidrocarburífera de esos países del golfo Pérsico demostró que genera buenos resultados: apertura al capital privado, respeto a las reglas y transparencia; globalidad y multilateralidad en sus operaciones.

En el fondo la mayoría de esos convenios que a penas la prensa recoge muy superficialmente –todos complicados, y con candados bastante fuertes de desactivar– tienen que ver fundamentalmente con garantías basadas en petróleo: entre las compañías estatales china y venezolana suscribieron un contrato de suministro de 100.000 barriles diarios. Reiteramos que Venezuela paga los préstamos de China con envío de petróleo y combustibles (ahora en 2014 está cercana a 524.000 barriles diarios).

China tendrá inversiones en eventuales industrias de cemento en Venezuela: instalar una cementera en el estado Lara y fabricación de paneles de microcemento.

Según se sabe algunos convenios que el estado venezolano suscribió con China incluyen la conformación de una “empresa mixta socialista para la producción de agro-químicos y fertilizantes” y lo más relevante es Venezuela busca comprar un nuevo satélite chino. Pregunten en Bolivia cómo está el satélite que le compró a China. Pregunten.

Ojo que el crecimiento de la principal estatal petrolera venezolana está detenido: mantiene una deuda con el Banco Central de Venezuela de cerca de 70.000 millones de dólares por pagarés (compromisos de deuda) que la petrolera ha firmado con el Banco Central para lograr moneda nacional para sus operaciones dentro del país. Las finanzas públicas venezolana y boliviana van a ser muy complejas de regularizar y volver a encaminar.

Aunque hay varios análisis independientes sobre el tema, desde 2008 Venezuela va debiendo a China más de 40.000 millones de dólares con una producción petrolera estancada pero que sin embargo debe comprometerse para el repago de la deuda que se tiene con ese país. Y ojo que los precios del barril no están en su mejor momento. Vale decir: van a necesitar más petróleo para pagar deudas.

Comparto la preocupación de mis amigos analistas y expertos que desde Caracas me dan datos y cifras que alarman a todos en América Latina.

América Latina debe empezar a tener una Carta Energética, como en Europa, con un mecanismo multilateral de observación y seguimiento a la utilización del petróleo y gas para alertar de despilfarros y para orientar en la correcta dirección de los recursos que generan la venta de materia prima, una especie de OEA de la energía que sea vigía y evite que regímenes sin conocimiento despilfarren recursos del futuro.

De momento la movida victoriosa la tiene el dragón chino. Habrá que ser más inteligentes y buscar sociedades para ganar-ganar en vez de ser clásicos proveedores de materia prima para luego comprar valor agregado a alto precio.