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Andrés Cañizález

Cuando dos más dos no es cuatro

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Es un error entender la política como algo lineal. No puede asumirse, de forma automática, que si pasan ciertas cosas habrá reacciones de tal tipo. Esa manera de entender la dinámica política le quita peso a algo fundamental: no siempre se puede predecir cómo reaccionará la gente, porque a fin de cuentas la política la hacen personas, seres humanos con pensamientos y sentimientos, y no siempre la suma de dos más dos arroja cuatro. Eso viene a colación porque en estos días se sacan mal algunas cuentas en relación con las elecciones parlamentarias: la notable caída de popularidad de Nicolás Maduro y su pésima gestión, especialmente en el ámbito económico, sin duda debilita al chavismo, pero no puede asegurarse que automáticamente sumará votos masivos para los candidatos de la alternativa democrática en dichos comicios. Las elecciones no están ganadas para la oposición.

Tenemos en Venezuela un historial de predicciones erradas en materia política, por asumir una lectura lineal de los acontecimientos. Comenzamos este año 2015, sin ir más lejos, con diversas hipótesis sobre cuándo iba a ocurrir un estallido social. Se especulaba que el profundo desabastecimiento se iba a traducir en un descontento en la calle y que la gente explotaría repitiendo otra suerte de Caracazo. El punto de partida es cierto, el desabastecimiento es profundo, está extendido ya por todo el país y no hay señales de que vaya a mejorar esa situación en el corto plazo. Sin embargo, salvo algunos hechos aislados de saqueos lo que viene ocurriendo no apunta en la dirección de que vaya a ocurrir un estallido social, sino al contrario se ha manifestado un cierto apaciguamiento, al punto de que el gobierno ha implementado un sistema de racionamiento (la venta por el terminal del número de cédula) tanto en el sistema público como en diversas redes comerciales privadas, algo que a fines de 2014 sencillamente no parecía viable políticamente.

Quienes predicen estallidos sociales posiblemente confunden deseos con perspectiva política. Justamente los estallidos sociales son tales por su carácter de acción colectiva espontánea, inesperada. Una situación de desabastecimiento, por más profunda que sea, no producirá de forma automática otro Caracazo como se empeñaban unos cuantos –a inicios de 2015– en pronosticar. La verdad es que en este terreno es difícil hacer pronósticos.

En el terreno netamente electoral, en cambio, es más usual que los pronósticos se ajusten a las realidades. Pero tampoco se puede asumir de forma matemática que la suma de dos más dos será cuatro. Lo que ocurre en este momento en Venezuela es muestra de ello. Según diversos estudios de opinión pública, debido a la pésima gestión de Nicolás Maduro al frente de la presidencia, no solo ha caído la popularidad del jefe del Estado sino que también ha descendido notablemente la adhesión popular al chavismo. Podríamos decir que en materia de aceptación popular la llamada revolución bolivariana vive su peor momento. Sin embargo, el descontento chavista no puede sumarse de forma automática al lado opositor. Esos mismos estudios de opinión pública evidencian que las preferencias por la oposición tampoco han subido de forma significativa este tiempo. La alternativa democrática no está capitalizando el descontento.

¿Por qué ocurre esto? Me atrevo a dar una hipótesis. La clase política opositora no está hablando de los problemas de la gente, no está junto al pueblo en las colas, tampoco en las innumerables protestas por falta de servicios públicos. Los políticos están enfrascados discutiendo de los temas en los cuales ellos tienen interés: elecciones parlamentarias, primarias o consenso, quiénes serán los candidatos, etcétera. Todavía estamos a tiempo de que rectifiquen y se conecten con ese enorme descontento nacional, solo así serán una verdadera alternativa de poder.
@infocracia