Dos discursos, dos opciones
13 de junio 2012 - 18:42
No sé a qué se debe que las inscripciones de los dos candidatos para las presidenciales del 7-O se realizaron en días continuos. Pero el detalle constituyó un hecho importante para los ciudadanos, porque nos ofreció la posibilidad de ponderar las candidaturas, desde las formas en que las dos personas las planificaron hasta sus propuestas.
Había coincidencias: las marchas multitudinarias, los júbilos, la concentración en dos plazas céntricas, las presentaciones programáticas y las protocolares de ambos ante el Directorio del CNE, con una diferencia: esta última marcó el fin de la inscripción del candidato del cambio y fue para el candidato oficialista un interludio antes de la concentración masiva.
Más allá de estas coincidencias formales, había diferencias substanciales, principalmente en la cantidad de participantes: la concentración de Capriles fue considerablemente más numerosa que la de Chávez, a pesar de que para la segunda existía la obligación de asistir para los funcionarios y trabajadores de las instituciones del Estado.
La intervención de Hugo Chávez empezó con un agradecimiento a Dios por permitirle estar de pie: "Venimos de milagro en milagro y con la ayuda de Dios seguiremos venciendo". Fue la única referencia a su enfermedad. Luego insultó a Capriles: "Inodoro, incoloro, chayota y con un proyecto impresentable que lo disfraza con show y cancioncitas".
En cuanto al programa del sexenio para el cual se candidatea, repitió lo que ha caracterizado su gestión desde febrero de 1999; señaló que consta de cinco "objetivos históricos: consolidar la independencia y el socialismo del siglo XXI, continuar la política social de inclusión, convertir el país en una potencia a nivel de toda America Latina, mantener la ecología y salvar el planeta", esto es: la continuidad de su proyecto de revolución bolivariana.
Dedicó una parte a su identificación con el pueblo cuya encarnación es él y que se verifica con él como jefe del Estado. Hizo las mismas promesas de los 14 años que tiene en el poder. No mencionó ninguno de los problemas que aquejan y preocupan a la mayoría de los ciudadanos.
Henrique Capriles enfatizó, en primer lugar, que de ser elegido sería el presidente servidor y que los problemas de inseguridad, destrozada institución judicial, desempleo de jóvenes y mayores, pobreza, mal estado de los servicios públicos, catastrófica situación de las cárceles, fallas de la economía por las confiscaciones de empresas por el Estado e inflación los resolvería con el pueblo, sobre la base de la alianza entre los sectores público y privado.
Prometió una recia lucha contra la corrupción. Relató la experiencia adquirida en su campaña "casa por casa". Llamó a todos a trabajar con él en la construcción de algo nuevo.
En resumen, las dos intervenciones ofrecieron a los ciudadanos dos opciones programáticas distintas, dos vías contrarias para enfrentarnos a los desafíos del futuro. En una sigue la autocracia o la unidad del Estado con el mando de una sola persona, o sea la unidad pueblo-fuerzas armadas-sector público. El continuismo sin límites, ni cambios ni restricciones.
El candidato-presidente seguiría monopolizando el poder y los ciudadanos seríamos más y más súbditos.
El candidato del cambio, con su énfasis en la calidad de presidente-servidor, nos ofrecería las posibilidades y la responsabilidad de colaborar en la reconstrucción de nuestra patria que ha sido usurpada bajo el régimen de Chávez. Encabezaría un gobierno por y para el pueblo.
Esta opción, sin revancha, venganza ni separación de ningún sector es, sin duda, la que nos exige más espíritu cívico y ética pública.
¿Estamos listos para asumir el desafío? Yo pienso que sí y confío en nuestras reservas morales y democráticas, en nuestro afán de convertirnos cada uno otra vez en ciudadanos de este país que nos necesita.

