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César Pérez Vivas

La dimensión económica de la crisis

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Sin lugar a dudas, lo que ha sacudido la conciencia nacional, y ha producido una ola de indignación y repudio al régimen autoritario de Maduro, ha sido la dimensión económica de la crisis.

En la medida en que el feo rostro de la inflación, el desabastecimiento, el desempleo y sub empleo han venido haciéndose presentes, con sus dramáticas secuelas sociales, la ciudadanía ha comprendido el monumental fracaso del modelo socialista y militarista impuesto por la cúpula chavista.

En una de mis entregas anteriores puse de relieve que en la base de toda la crisis socioeconómica estaba la crisis política, pues no puede escapar a una analista objetivo, la importancia de los modelos políticos, así como la calidad de un liderazgo, para impulsar políticas públicas que garanticen respeto a los derechos humanos, y generación de riqueza, capaz de convertirse en bienestar para la población de una nación.

Desde la misma instalación del “gobierno socialista y bolivariano”, comenzamos a apreciar el rumbo hacia el autoritarismo, el centralismo, el militarismo y el estatismo que animaba a la logia militar, surgida a la vida pública, con la tentativa de golpe de estado del 4de febrero de 1992.

A lo largo de varios años fuimos alertando y denunciando la ruta hacia la dictadura disfrazada, que estaban implementando los partidarios del socialismo bolivariano. Mientras los elementos de esta política la presentábamos al país, logramos la comprensión y el respaldo de un importante segmento de nuestro pueblo, pero no logramos convencer a la mayoría del daño que se estaba incubando.

Mostramos oportunamente el erróneo camino con el manejo de las finanzas públicas, denunciamos y accionamos ante las instituciones confiscadas, la destrucción de la autonomía del Banco Central, advirtiendo del riesgo de derroche de nuestras reservas internacionales, y del crecimiento exorbitante de la masa monetaria sin respaldo, con sus consiguientes consecuencias en inflación. Denunciamos el derroche de los fabulosos ingresos petroleros, y la burda manipulación a la norma constitucional (Art. 321 de la CRBV) que ordena ahorrar los excedentes en un Fondo especial, denominado Fondo de Estabilización Macroeconómica. El extinto Presidente Chávez burló esa disposición, y en su lugar creó el Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN), con el cual derrochó, sin ningún control, buena parte de la riqueza obtenida por la bonanza petrolera de comienzos de siglo. Denunciamos el irresponsable endeudamiento de la República. Explicamos al país lo nocivo del proceso de estatización de la economía, así como las dañinas expropiaciones y confiscaciones de empresas y unidades de producción agropecuaria. Informamos del manejo corrupto y distorsionado de las divisas, y del control de cambio. Advertimos de lo perjudicial del control de precios.

Todos estos temas no conmovieron a la mayoría nacional. Nuestros compatriotas no percibían la gravedad del proceso de destrucción económica que se estaba gestando. La gente vivía una economía artificial, se contentaba con las dádivas de las misiones y becas, así como con los cupos de CADIVI. Y con esas prebendas votaban favorablemente a las políticas del PSUV.

Hasta que el monstruo de la crisis estalla con toda fuerza, y cada uno de nosotros ya percibe de manera directa el efecto devastador de todas esas políticas erradas que tanto denunciamos. Las colas, la escasez, la inflación, la pulverización del salario, la humillación de comer solo lo que el gobierno concede en las escuálidas bolsas de los CLAP, hicieron comprender a la mayoría de nuestros compatriotas el desastre al que nos condujo el modelo socialista del siglo XXI.

La crisis económica, potenciada a niveles jamás conocidos por los venezolanos, ha desatado un irrefrenable deseo de cambio del régimen, y de su modelo.

No es nuestro pueblo el único que ha reaccionado con determinación de cambio, frente a una crisis económica. Hasta ahora, los episodios violentos, si bien son lamentables e importantes, aún no llegan a un nivel de violencia generalizada, pero nadie puede asegurar que ésta no pueda escalar a niveles alarmantes. El pueblo venezolano quiere salir del régimen en paz, y por la vía del voto popular. El empeño de la cúpula roja en cerrar el camino al referéndum revocatorio, puede tener consecuencias impredecibles, en la medida que el tiempo y la tozudez oficial, cierren las puertas al anhelando cambio.

La profundidad del daño infringido a la economía, el nivel del gasto público improductivo, y el voluminoso tamaño del estado, van a reclamar un programa económico ambicioso, y una disciplina del nuevo liderazgo por venir, que va a requerir de una gran pedagogía para educar a la población respecto de lo difícil que será la primera etapa de ese programa. Vale decir enderezar el entuerto va a ser duro, para una población acostumbrada al populismo. Se requiere no solo un cambio político y económico, se requiere un cambio cultural, y un nuevo espíritu de reconstrucción de la nación, para poder lograr elevar la calidad de vida de un país, que tiene derecho a un destino mejor.